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viernes, 12 de julio de 2019

COMERCIOS SEVILLANOS: CONFITRÍA "LA CAMPANA"




lunes, 31 de diciembre de 2012

RECUPERANDO LA MEMORIA DE SEVILLA: CONFITERÍA LA CAMPANA * IV

La confitería, haciendo esquina con Sierpes
Obra de arte: un pasito de repostería, con sus nazarenos









LA CAMPANA: MÁS DE UN SIGLO ENDULZANDO LA VIDA Y EL PALADAR DE LOS SEVILLANOS...
Decir, en Sevilla, La Campana, es despertar en el paladar un sabor de dulces y café que ya forma parte del mosaico sensitivo en el que se configuraba la forma de la ciudad. Durante más de un siglo, de, su obrador ha salido una confitería muy selecta hasta el punto de convertirse en sinónimo de calidad. Es una isla de esmero y exquisitez en medio de tanta dictadura industrial que padecemos. Verán, todo se remonta a noviembre de 1885, cuando desde Filipinas retorna a montar la herencia artesanal de los árabes y cultivarla en una casa del siglo XVIII que proveería a los mismos Reyes de España.

Siempre América, entrelazada con el destino de los españoles que levantaron de la nada grandes y prestigiosos negocios en Sevilla. Antonio Hernández Merino había dejado tras de sí un puñado de casas de postín en el centro de Manila cuando decidió comprar un edificio cuya escritura de construcción data de 1734, y que albergó desde entonces una confitería que tomó el nombre de la plaza a la que hacía esquina. De Filipinas se trajo como esposa a una nativa hija de españoles. Todavía en la II Guerra Mundial existían en la zona de las calles Echagüe y China de Manila, las posesiones que habían sido del fundador de La Campana, cuya efigie luce hoy, en el despacho del establecimiento. La proliferación de herederos dispersó aquel legado por cuya destruccuón el Gobierno de Estados Unidos hizo efectiva una indemnización que era como el acta de defunción del imperio decimonónico creado por este confitero en las últimas colonias españolas.
 


Varios años después de cumplir su centenario, La Campana llevó a cabo la reforma que le devolvió su prestancia de 1922, año en que está fechada la bellísima azulejería trianera, de los prestigiosos ceramistas: Manuel Ramos Rejano y Enrique Orce Mármol que sigue decorando el local. Aprovechando la obra-que puso en ascuas a muchos amantes de lo nuestro-se hicieron moldes de los fragmentos de frisos con motivos mitológicos que adornaban parte de los techos, así como de los capiteles y canecillos. Los propietarios, y al frente de ellos Carlos Hernández Requejo y José Antonio Hernández Tierno, ambos nietos del fundador, no repararon en gastos a la hora de recuperar el añejo esplendor de la casa, y así encargaron por ejemplo el hermoso y bellísimo escaparate de caoba que hace las delicias-también por su rico contenido-de los golosos más redomados.

 En La Campana nos queda uno de los decorados más dignos y clásico de la Sevilla de la Restauración -tardía, como siempre en incorporar movimientos estéticos-lo demuestra el hecho de que allí se rodara una escena de la versión muda de "Currito de la Cruz", porque en la novela el protagonista prometía que si triunfara en La Maestranza invitaría en La Campana, ejemplo de exquisitez y lujo en su género.

Durante una larga temporada, se hicieron famosos unas especialidades de La Campana que todavía se pueden ver en un catálogo en sepia que  conservan los propietarios, y que llevaban por nombre "platos completos". No crean que tienen nada que ver con lo que hoy nos sirven para comer rápidamente. Es todo lo contrario, ya difícilmente se puede imaginar un alimento más superfluo y rebuscado en aparaciencia que aquellos trabajos de enorme tamaño, en que se reproducían fuentes imaginarias de varias tazas rellenas de galguerías, o monumentos al santo de cuya festividad se tratase, o hasta un magnifico Puente de Triana-uno de los símbolos de Sevilla-, con la Capillita del Carmen incluida, que fue premiado muy merecidamente en el concurso de escaparate de 1907. Los ramilletes de crocanti, fruta escarchada y figuras de chocolates eran los materiales básicos de estas obras ideadas para echar muchas horas en su degustación e impresionar a las amistades.

Lo que Carlos Hernández define como estilo árabe a sido, como todo, el litmotiv de la historia de La Campana. Alfajores, pestiños, y yemas sevillanas parecidas a las de S. Leandro, torrijas, todo ello conforme a fórmulas propias y secretas procedente del fundador, engrosan esta nómina de productos que hacen las delicias de quienes buscan la pureza en la elaboración de la repostería: -"Se sigue utilizando la materia básica natural-dice Carlos Hernández-; los helados son de yema, azúcar y leche. Tal vez por eso La Campana es prácticamente el último lugar de Sevilla donde se puede consumir nata con la garantía de que es lo que es. 

El secreto de la continuidad-indica el nieto del fundador-está en la afición. A mí me han venido a echar los tejos bancos a mansalvas, pero no trago. Tengo setenta empleados..." Hoy La Campana sirve multitud de banquetes y meriendas a domicilio, pero antes se limitaba a servir la producción de su obrador y atender el salón anejo, situado en la segunda casa contigua y donde, sobre todo, se tomaba heladería.

Aunque desde hace mucho se utiliza como obrador un edificio cercano, en tiempos legendarios, los pasteles se hacían en la tercera planta de la casa. En la primera vivía la familia, y en la segunda las dependencias de los internos, pues un establecimiento de esta antigüedad no podía faltar la tradicional plantilla de aprendices que se formaba al calor de la escuela constituida por el veterano propietario, hasta que decidían dar el salto  y establecerse por sí mismos con los ahorros de la cuenta donde se depositaba su sueldo, generalmente al tiempo de casarse.


Hasta la proclamación de la II República, La Campana era el proveedor oficial de la Casa Real española, y no era raro ver a S.M Alfonso XIII entrar en el local durante sus visitas de primavera. Pero por allí han desfilado también figuras como Lola Flores, El Caracol, que cantaba saetas al Crito de Los Gitanos, "er Manué", desde su balcón, y muchísimos personajes célebres más.

Interior de la célebre confitería 
Carlos Hernández Nalda, padre de Carlos Hernández Requejo era además Hermano Mayor de Montensión, y su hermano José fue de la Soledad de San Buenaventura, lo que motivó la costumbre mantenida durante muchos años de ofrecer torrijas  a los costaleros cuando los pasos enfilaban la calle Sierpes. -"Se metían por el costado llenos con un paño húmedo, y salían por detrás vacíos"-comentan los propietarios, al tiempo que recuerdan cómo para las cuadrillas era un aliciente llegar a La Campana por este motivo. En el caso de la Soledad, esta obra piadosa, que arranca de los años treinta, se sigue manteniendo, sin que se rompa la compostura. La viuda de José Hernández Nalda y un hijo de ambos siguen con esta espléndida casa que es una de las pocas contenidas en Arquitectura Civil Sevillana que sigue en pie, (los amantes de lo meritorio que tiene Sevilla lo agradecemos infinito), y a la sensibilidad y al valor con que los propietarios han defendido el patrimonio, -ojalá algunos de sus miembros perteneciera al Ayuntamiento-, se protegería y embellecería lo que nos queda-. Desde la esperanza, esperamos que así ocurra algún día.


Entre bastidores, un grupo de sevillanos, velan porque se conserve la solera de este entrañable rincón de Sevilla que sigue deslumbrando a los sevillanos y turistas con olfato y sensibilidad.
Que sea por muchísimas generaciones más.

A su lado estuvo ubicado el famoso Café Cantante "Novedades", templo del arte flamenco, por el que desfilaron los más célebres cantaores/as, bailaores, guitarristas, etc. Actuar en él, significaba la consagración para los artistas.

Son parte de la Sevilla que se nos fue y tratamos de recuperar su memoria... 

           


Y dice el sabio proverbio..."La mejor solución de librarse de una tentación es caer en ella".


                                                                          
 
NOta:

Un amable seguidor ha tenido la gentiliza de aportarnos un valioso dato histórico y a la vez curioso de esta prestigiosa confitería sevillana:es ésta...

"Resulta que donde está ubicada hoy día el obrador, fue un antiguo convento en su sótano, hoy bodega. Aún puede verse la forma de los nichos donde enterraban a las monjas"...

(Desconozco el nombre de éste seguidor), pero se lo agradezco mucho).

martes, 22 de julio de 2014

RECUPERANDO LA MEMORIA DE SEVILLA: "EL 95", X




Comercios Sevillanos que hicieron Historia:






"EL 95":

Todo a menos de una peseta, hasta que llegó la Guerra Incivil...

La moda hizo que de pronto media España se llenara de tiendas de precio fijo, en las que todo valía lo mismo. Y así nació en Sevilla "El 95", un bazar de dimenciones reducidas en el que compraban las cigarreras poco a poco sus ajuares. Después de la guerra, y desaparecido ya el precio único, el juguete fue ganando terreno y la tienda siguió conservando su primitiva denominación. El fundador, Manuel Barreiro Díaz, vendía con anterioridad muñecos de cartón y artículos de diversión en la calle S. Pedro Mártir, por la que pasaban las carabanas del paseo de vehículos de La Palmera, en Carnaval.

Maquinillas de afeitar, cubiertos de alpaca, perfumadores franceses, peines alemanes de goma, tazones y platos de desayunos, pizarras con su pizarrín, carteras de colegios, plumiers sencillos y de "dos pisos", (¿se acordáis, seguidores de 50 años arriba?), trenes eléctricos,  vasos plegables con su tapadera para el "cole" , jaulas de grillos..,

Todo a 95 céntimos. Barreiro cambió un buen día su comercio de la postal por el muñeco de cartón. En sus viajes de Despeñaperros para arriba vendiendo los muñecos se encontró una vez con la insistencia de un comerciente zaragozano que tenía una tienda de "El 95", instándole a que pusiera en Sevilla un negocio similar. Eso sí, para que esta empresa tuviera éxito era condición imprescindible, según el zaragozano, ubicarlo en una calle de paso camino de algún mercado. Tras pensarlo-Manuel Barreiro- entendía que en cierto modo se daba un paso atrás-,nuestro hombre alquiló el mismo local de la calle Puente y Pellón, (arteria comercial durante muchísimos años), donde estuvo "El 95", y compró género al zaragozano. El mercado de La Encarnación estaba muy cerca. El 25 de oct. de 1926, a las siete de la tarde, un grupo de amigos se reunía en el establecimiento para celebrar su apertura. En cinco días ya se habían hecho mil trescientas pesetas, y otras seis mil quinientas ochenta y cinco al mes siguiente, según los datos de contabilidad.                                                           


Claro que esa venta no es nada si la comparamos con los seis millones trescientas veinticinco mil setecientas pesetas, en diciembre de 1980.

Barreiro aseguraba que "no es un trabajo pesado, sino alegre, el vender juguetes".

De los tiempos iniciales, este hombre cordial que ha suministrado jugutes a varias generaciones de sevillanos recuerda a las cigarreras, que los sábados iban a comprar unas copas talladas de base negra y otros artículos para el ajuar. El resto del comercio sevillano no comprendía cómo "El 95" era rentable. Barreiro lo explicaba: "por la compra de grandes partidas, con modestos beneficios". Su padre había paseado por la geogradía española remedos de futbolistas, toreros, guardias payeses y había tenido entre sus clientes a D. Aníbal González y al Ateneo desde que éste inició sus cabalgatas. Con el tiempo, "El 95", "-sin darnos cuenta-", fue pasando a dedicarse exclusivamente al juguete. Manuel Barreiro, acudía todos los años a la feria de Valencia, y progresivamente fue floreciendo una tupida red de tiendas y almacenes: en la calle Santiago, en Imagen, en el Polígono Store...La pequeña pantalla fue barriendo.

"Garbancito" y las colas de Navidad

En los últimos años de la década de los cincuenta todo empezó a ir muy bien. Pero antes, cuando la guerra, Barreiro tuvo que encargar un inquilino del Corral del Conde la elaboración de tacos de madera para hacer juegos de arquitecturas y él mismo le robaba horas al sueño cortando panel con la segueta para portales de Navidad. Un día se le ocurrió dar forma tangible al "Garbancito"del que hablaba Tito Fernández en la radio, (¡Aquellos estupendos cuentos radiogónicos!). Él mismo dibujó un "tonto del circo" que aquel artesano del Corral del Conde transformaría en un personaje popular, colocándose en los cubiletes para los lápices. Por ingenuo que parezca, aquello sirvió para animar las ventas, porque "con la guerra la casa se había quedado vacía.                                            



"El 95" ha servido jugutes durante muchos años al Ateneo, la Compañía Sevillana de Electricidad, a la Pirotecnia, la Cruz del Campo, a Tussam, Diputación...En Semana Santa se hacían capirotes, pero cuando "El 95" protagonizó días decembrinos de febril actividad, con colas en la calle. Días en que quien por fin lograba llegar al mostrador y hacer su compra se veían imposibilitandos de dar media vuelta y salir a la calle. Allí compraba la colonia alemana los Árboles de Navidad y sus adornos, cuando para nosotros esta tradición  era algo extraño ¡Qué tiempos aquellos!

El Scalextric, el coche dirigido, el monopoli, la Nancy, sí, -esas que se dirigen al Portal,- los tentetiesos, todo un universo de mágicas ilusiones irrepetibles conforman la aportación histórica de "El 95", referente de las jugueterías sevillanas.

Hoy es la mirada atrás con nostalgia. Una misma emoción que unen a generaciones en la Noche de la Ilusión...




"Comercios Sevillanos que Hacen Historia"

Ángel Pérez Guerra

Ed Castillejo. 


domingo, 22 de septiembre de 2013

RECUPERANDO LA MEMORIA DE SEVILLA, IX



El comercio de principios del siglo XX, tenía en Sevilla unas características muy curiosas. Como no había prisa, la gente iba a comprar y a pasar la tarde. En las tiendas de tejidos, había sillas para sentarse ante el mostrador, y los dependientes iban sacando las piezas de tela para que  clientas o clientes eligieran a su gusto.

Entre los comercios más acreditados y lujosos algunos con suelo de marmol y con escaleras alfombradas, otros instalados en antiguas casonas señoriales con patio de columnas, "La Ciudad de Sevilla", y "Peyré" en calle Francos. "La Nueva Ciudad", entre Chapineros y Francos, también estaba "Casa Velasco", especializada en tiras bordadas y diversos artículos de labores primorosas. Uno muy destacado era los "Almacenes del Duque" y "Casa Santos", en Velázquez, que fueron quizás los primeros que se anunciaron en la radio con un programa animado, en vez de con un simple anuncio por palabras.

También fueron famosos los almacenes  "Los Bilbaínos", en la esquina de Rioja con Tetuán donde después se establecería el elegante, "Gran Café Brizt", una verdadera joya arquitectónica, lamentablemente desaparecido, para dolor de los sevillanos.

Había dos grandes colosos que competían en ventas de ropa hecha: los "Almacenes el Águila", quizás el primero en instalar ascensor, y Pedro Roldán, en la Plaza del Pan. El tercero en discordia era "Fermín Alfaro", los tres se disputaban la clientela en todos los terrenos: uniformes militares, de músicos, ordenanzas de ministerios, servicio de casa y lacayos de casas nobles, trajes camperos y de novias. Los precios no eran caros, calidad-precio.

Las personas medianamente pudientes no compraban las camisas hechas, sino que se las hacían a medida, en "Manuel Gallardo", en la calle Alcaicería, o en la camisería Lorite, en Plaza del Duque. 

Era frecuente ir por la calle cubierto por aquellos tiempos, había establecimientos de este ramo muy florescientes: "Padilla", en La Campana, Maquedano en Sierpes. En cuanto a gorrerías, especializadas, para taxistas, militares, estaba "Espinosa", en S. Isidoro...

¿Y la librerías? Las más conocidas eran "Sanz", en Sierpes, y que era ya muy veterana, había sido fundada en 1878, "Pascual Lázaro", en calle Francos, que después puso una sucursal en Sierpes. Allá por los años treinta existía la librería "Eulogio de las Heras", en Sierpes.

Un recorrido por las calles sevillanas nos enseñaría como estaba distribuido el comercio entre las calles: Sierpes, Tetuán, Gallegos, Francos, Cuna, Puente y Pellón, como principales arterias, en segundo lugar, la Plaza del Duque.

Eran destacados comercios los bazares y tiendas de regalos entre los más significativos estaban: Bazar "La Unión", en Tetuán 42, en este establecimiento se vendían bisutería fina, perfumería, juguetería, arañas y candelabros..."Bazar Sevillano", Tetuán 8, y Lombardos 1. Se anunciaba como la primera casa en objeto de regalo y novedades traídas de París,  Londres y Viena. "Bazar España", enorme y diverso. "Bazar Americano", en Sierpes 23. vendía camas de bronce y de hierro y muebles de lujo.

D. Ricardo Lázaro.
En cuanto a ferreterías, como las más importantes estaban "La Llave", en la calle Cuna 51 y "Ferretería Lázaro", en San Jacinto, 8, en Triana. (Su dueño, Ricardo Lázaro, y su esposa, Manuela, fueron padrinos de bautismo de mi hermano Eusebio y mío, unas personas extraordinarias).                           

Ah, las tiendas de comestibles de la época, eran en parte propiedad de santaderinos y leoneses, que venían a Sevilla, se colocaban como dependientes y mozo de reparto , pasaban muchos años ahorrando el jornal entero (comían en la casa del patrón, y dormían en la misma tienda, bajo el mostrador, así no gastaban nada en hospedaje y acababan por establecerse poniendo tienda propia, asesorado y apoyado por su patrón. Los sevillanos y andaluces, en general, les conocíamos por "montañeses".

Casa Marciano.
De los establecimientos de los "montañeses" que más fama alcanzaron, puede citarse "Las Siete Puertas" (comestibles y bar), en La Europa, "Casa Abilio" (comestibles y bar), en Hernán Cortés, "La Alhambra" (comestibles y bar), en calle Feria "El Rinconcillo", en Gerona, el establecimiento más antiguo en Sevilla de su género, data del último cuarto del siglo XVI. "Casa Inocencio", en Relator...               

El que dejó profunda huella fue el famosísimo "Casa Marciano", el primero en hacer las Cestas de Navidad, sus productos, de lo bueno lo mejor.

"El  Reloj", en la calle Arfe, propiedad de Fernando Ortiz. "La Flor de la Sierra", en Velázquez, "La Gloria, en Puente y Pellón, "El Grano de Anís", en Martín Villa, y por supuesto, "La Flor de Toranzo", (nombre del Valle de Toranzo, Santander, muy popular, en Jimios, su propietario, Venancio Gómez, apodado "Trifón".

Las freidurías más conocidas eran la "Pescadería Malagueña" en Velázquez y la de la calle Lumbreras, especializada en Pavías de Bacalao.  En el rigor del verano el lugar más concurrido de Sevilla era la Alameda de Hércules, donde había numerosos bares con terraza al aire libre, entre ellos el popular, "Puesto de Cristales" el de "Vigil", eran muchos. Los sevillanos acudían allí por las noches a cenar su "pescaíto", acompañado de vino tinto con gaseosa, (aún no se había inventado el "Tinto de Verano"), o cerveza, y naturalmente, había que comprar el pescado en la calle Lumbreras, o en la de La Europa, lo más frecuente era comprar pavías, rodajas de pescada, cazón en adobo, calamares y pedacitos. Se compraba también unos "ochos", "picos" de pan sin migas, crujientes y apetitosos que tenían tres círculos, (los niños, en cuanto nos comíamos el primero, nos divertíamos poniéndolos como "gafas"), también fue popular la regañá, torta de pan fina y dura de origen judío, cuando se tenía "posibles", además un manojito de rábanillos fresquitos.

Foto: Javier Osuma García, (cedida).
En la Alameda, los bares tenían atracciones para distraer al público: Unos montaban un telón de cine, y proyectaban películas cómicas de Tomasín, o la aventuras de "La tribu de los Pies Negros", de luchas entre indios y vaqueros, aún no se había inventado el cine sonoro. Otros bares contrataban a la popularísimas "Murgas Sevillanas", (su historia y evolución está incluída en éste blog, "Hª  y Curiosidades de Sevilla", "Temas Sevillanos").                                                     

Explicado todo lo que antecede, puede ya comprenderse unas sevillanas del inolvidable trovador de Sevilla, "El Pali":

En la puerta de Correos
tú me has citao
pá ir a las Lumbreras
por bacalao.

Y tú te empeñas
en ir a ver la Murga
der Regaera...

Queda por aclarar que el citarse en la puerta de Correos para ir a Las Lumbreras no resultaba descabellado, ya que Correos estaba entonces en la calle Amor de Dios, frente al Teatro Cervantes. También en Triana eran frecuentes y la Plaza del Altozano y calle Betis era costumbre muy arraigada.

Eran  famosas las perfumerías. Destacamos "La Perfumería Andaluza", en  Cerrajería, y "La Casa de las Esencias", en la Plaza del Salvador.

En confiterías había tres muy célebres, la primera era "La Campana", fundada en 1885, esquina a Sierpes, con gusto exquisito que se ha mantenido  través de los siglos. "La Española", en Tetuán. "Ochoa", en calle Sierpes, con saloncito de té al que iban a merendar las señoras.

La publicidad se fue introducindo, y en los escaparates, en donde se exponían los artículos a vender, se añadían objetos que llaman la atención, a veces, obras de arte, en las tiendas de tejidos, muñecos con movimientos, en los comestibles, una vaca que movía la cabeza haciendo sonar el cencerro, o un negrito que bailaba entre los chocolates.

Una costumbre  muy arraigada era que en los escaparates hacían verdaderos alardes de buen gusto en las fiestas solemnes como el Corpus Chisti, la Inmaculada, Navidad y Semana Santa, pero destacaba sobre todas la del el Corpus, en las mejores tiendas sevillanas, rivalizando en el adorno y exhornándolos con objetos alusivos a la festividad. Así "Peyré" ponía un verdadero y primoroso altar, con ricos paños blancos y ángeles arrodillados entre flores preciosas. En otra ocasión puso maniquíes vestidos con el trajecito de los "seises", entre romeros y objetos religiosos de plata.  En los años 40, "Izquierdo Benito", una de las más prestigiosas pañerías, ponía unos bellísimos y primorosos trabajos de papel recortados a tijera, algunos de los cuáles merecerían ser recogido en un museo de Artes Decorativas. Entonces, la publicidad era considerada casi un arte en muchos casos, nada que ver con la actualidad, salvo pocas.

Muchos que cumplieron los 55, recordarán sin duda la publicidad en la radio en canciocillas ritmicas,  simpáticas y curiosas, como la del negrito del "Cola-Cao", el "Orión", hojas de afeitar "Palmera", flan "El Mandarín", y los célebres paraguas de "Casa Rubio", entre otros...

Recordemos la publicidad de "Granjas las Beatas", que decía:


En mi rancho de Jalisco tengo un gallo
que es cruzado de lorito y de gallina
y es un gallo tan curioso y tan graccioso
que una colección de sabios lo examina
pues por su padre es hablador
y por su madre es ponedor
por las mañanas hace kikirikí
y luego pone un huevo, pero hasta allí,
y por las tardes se lía a hablar
y les cuenta a las gallina unos cuentos tan graciosos
que se parten la pechuga de la risa que les da;
y hacen todas las gallinas al reirse:

Cacuá, cuá, cuá cuá... 

Exitían a medido del siglo XX, unos programs radiofónicos divertidos y entretenidos, que los inició D. Rafael Santisteban, excelente locutor, muy ficionado a la zarzuela y teatro, que hizo muy populares los espacios de "Almacenes Santos", "Galerías S. Sebastián" y "Almacenes Puente y Pellón" y "Anís del Claver" y el célebre "Conozca usted a sus Vecinos", del que salieron primeras figuras de la copla. Junto a él , el también locutor Agustín Embuena, realizó diversos programas de radio a partir de 1950, basando su efecto principal en el chiste y la chispa, , y en la diversión infantil para lo cual creó el personaje célebre de El Mago Tranlarán...


Basado en :
"La Sevilla que se nos fue"

José Mª de Mena.
Ed, Castillejo, 4ª Ed.  


Continuará...
 








jueves, 22 de agosto de 2013

RECUPERANDO LA MEMORIA DE SEVILLA, VIII


 





COMERCIOS SEVILLANOS   
QUE HACEN HISTORIA.
Un gallego profético
que impuso el bolso en Sevilla...

Sus hijos hablan de él con auténtica veneración. Tuvo arrojos para marcharse de El Ferrol con catorce años y sin blanca a Barcelona, y los azares comerciales le trajeron a Sevilla que le enamoró para siempre. Fue un "rey de los bolsos" al que sus sucesores consideran "irrepetible"y supo adelantarse a los designios del mercado, cambiando los abanicos, recuerdos de Sevilla y paraguas, que vendia por el revolucionario y americano "plexiglás"  ( en abanicos y paraguas destacaba "Casa Rubio").

Del negocio de Sierpes, 73, fundado a principios del siglo XX, brotó un haz de otras tres tiendas, capitaneadas por los seis hijos de D. Ángel Casal, dedicado íntegramente a la labor. Su  pasado republicano le granjeó no pocas penalidades y la visita del presidente de la República en el exilio, Giral.

En 1901 El Ferrol es un pueblo de marineros y pescadores donde todo el mundo se conocía a fondo y en el que vino a nacer un destacado hombre, de gran visión comercial cuya memoria quedaría unida fuertemente al nombre de Sevilla. Ángel Casal y Casado, era hijo de marino, "porque allí sólo se podía ser eso". Ni la mar ni aquella Galicia para él entonces más lóbrega que bella le incitaron a quedarse,y cuando era adolescente tomó el hatillo y se plantó en Barcelona, otro mar y ambiente distinto, en el que llegó a escalar puestos hasta convertirse en jefe de ventas de una empresa de comercio extranjero, que trabajaba paraguas, abanicos y enseres análogos. En uno de sus viajes de trabajo pasó por Sevilla, ciudad que pronto lo captó y en la que decidió quedarse como encargado del prestigioso comercio: Casa Rubio. En la Casa de Galicia conoció a la hija                    de otro gallego, un inspector de Hacienda, con la que compartió su vida, formando una familia numerosa. Poco después, en 1930, abría la tienda que sería el origen de su "imperio".

Los recuerdos de Sevilla que, aunque éstos eran pintados a mano por artistas como Hoheleiter, Ruiz Vela o Martinez de León. Se reconcilió con el Régimen y escribió incluso al Rey para expresale su adesión.

En 1945 llega a Sevilla el "pexiglás" que induciría a Casal para hecer los bolsos, acharolados, nos llegaba de Estados Unidos, y este sahueso de los negocios, auxiliado ya de sus hijos, se autoproclamó "El rey de los Bolsos, y fue abriendo otras llamadas Palacio de los Bolsos, (Jovellanos), Alcázar de los Bolsos, (Sierpes), y Salón de la Piel y los Plásticos, (Rioja).


Sus hijos se haría cargo con el tiempo de los distintos negocios. La Reina Victoria Eugenia; las flolklóricas como Lola Flores, Juanita Reina,  o Carmen Sevilla; toreros como Antonio Ordóñez, Jaime Ostos o Fuentes Bejarano; tonadilleras como Conchita Piquer, Marifé de Triana, esposas de alcaldes variopintos como el marqués del Contadero, Juan Fernández o Manuel del Valle, estaban entre su selecta clientela.

Su filosofía arrancaba de una idea que inculcó a sus hijos: "La primera libertad que debe tener un hombre es la ética y la libertad económica". Su vinculación con su tierra natal no la perdió nunca, y hasta su muerte, acaecida en 1983, este hombre singular pasó los veranos en aquel pico de España. Sus hijos atribuyen el éxito a la mentalidad de un comerciante que disfrutaba negociando, olvidando a menudo las ganancias. Un ejemplo de autodidacta que les sacó de los años del hambre (en los que el hogar se apoyó en la madre), y les preparó el porvenir merced a su talante profético.


Un estilo publicitario inimitable:

Sevilla siempre supo acoger a los que destacaban, permitiendo el desarrollo de su ingenio, en fructífera alianza.

En el despacho trasero de  Palacio de los Bolsos se apilan una veintena de carpetas en las que duerme la memoria de una obra que hizo historia dentro del campo comercial sevillano. El papel amarillento de los recortes de prensa contienen numerosas publicidades que en su tiempo constituyeron verdaderos alardes de originalidad. La Sevilla cuya edad rebasa la treintena, llegó a familiarizarse con los anuncios de Casal, voces como: -reybajas o reycalcitrantes-se hicieron sinónimas del reclamo de "Casal, el rey de los Bolsos". Fue toda una institución en el comercio sevillano, con la perspectiva que dan los años.

La censura de la época tuvo la culpa de que muchas veces sus recuadros fueran devueltos. Pero muchos más quedaron para siempre entre las hojas que repasarán los investigadores de hemerotecas: (Aviso a mis admirados blogs: Esasevilla, Sevilla Desaparecida El pasado de sevilla,  Cultura de Sevilla, Fotos y postales antiguas de Sevilla, Sevillanadas etc)

ABC, El Correo, FE, Sevilla y varias revistas de Semana Santa y Feria recogieron una gran selección de ingeniosos textos, de valor histórico extraordinario.

Este es tal vez el más perdurable hallazgo de aquel gallego que cambió el viento del Cantábrico por el calor de unos brazos del sur: Sevilla.
                                                                                                                              



"Comercios sevillanos que hacen historia"
Ángel Pérez Guerra.
Ed, Castillejos. 

  

lunes, 29 de abril de 2013

RECUPERANDO LA MEMORIA DE SEVILLA: EL CRONÓMETRO, VII




EL CRONÓMETRO, DE LA GENERACIÓN DE LA CUERDA A LA DEL CUARZO:


D. Enrique Sanchís pertenece a aquella generación de relojeros de la cuerda que se formaron durante cinco largos años en Suiza y que asistieron impávidos a la irrupción del cuarzo. Saluda por su nombre de pila y surte tanto a los grandes propietarios de los círculos que paran cerca del El Cronómetro como al exPresidente de la Junta de Andalucía. Escéptico frente al 92, no parece dispuesto a cometer de nuevo el error de su padre, que en 1.929 encargó una serie de relojes con la Catedral y la Giralda grabadas en el dorso, y se vendieron diez. La saga del Cronómetro tiene su origen en Gandía, de donde acudió a Sevilla el fundador del comercio y taller que durante más de ochenta y cinco años ha atendido en la hora los relojes sevillanos, aunque se casara con una lepera a la que fue a buscar en diligencia.
D. Enrique Sanchís, el fundador.

El abuelo de Enrique Sanchís era relojero en Gandía. Un buen día su hijo partió a Sevilla y comenzó a trabajar en lo mismo de casa en casa hasta que se estableció en la calle Fernández y González. En 1901 se casa y crea El Cronómetro, un comercio de relojería que muy pronto cumplirá su primer centenario con excelente salud y mejores perspectivas, sin dejar de pertenecer a la familia Sanchís, apellido que dio no pocos quebrederos de cabeza a quien lo llevaba al llegar a Sevilla, porque muchos se empeñaban en llamarle Sánchez por aquello de la dificultad en asimilar el patronímico foráneo.

Dª Concepción García Sánchez-Barco era por aquel entonces una colegiala de Lepe, que en cierta ocasión recibió la visita de un amigo del pueblo y del joven valenciano que compartía con éste la habitación de la pensión sevillana en la que se alojaban. Enrique Sanchís, que tenía entonces veintitantos años, hizo aquel viaje en diligencia, y Concepción sería años después su mujer.

El primer hito importante para El Cronómetro fue la Exposición Iberoamericana. Los relojes Longines del mueble que  caracteriza a la tienda fueron instalados en el 22, cuando parecía que iba a ser una realidad inmediata la Exposición. Cercano ya de veras el acontecimiento, el Sr. Sanchís encargó a una casa suiza una colección de relojes de bolsillo con las esfigies anteriormente citadas, un dibujo en color de Martínez de León en la esfera representando escenas taurinas y una inscripción en recuerdo de la muestra. "Mi padre pensó que se iban a vender como rosquillas. No fue así. Mis hijos no me consienten  que venda ninguno de las dieciochos que quedan".
Interior del comercio.

No es poco para Enrique haber nacido en los altos de su tienda, como tampoco lo es -aunque él quiere a toda costa quitarse importancia -el haber marchado a Suiza con catorce años para estudiar durante cinco técnicas de relojería. "Entonces había en Neuchatel una avenida, llamada Leopold-Robert, que estaba llena de escuelas droguistas, comercio, pequeña mecánica y relogería, entre otros oficios. La ciudad era de cantón, allí estuve hasta que volví a Sevilla, para incorporarme pronto a la Guerra Civil".

El reto del cambio tecnológico ha sido encajado por Sanchís con espíritu deportivo. "El relojero clásico-afirma-, el de pinza y lente, ha pasado a la historia. Este era un oficio que ya estaba llamado a desaparecer, como macánico, cuando yo nací. Todo es manejar cables y aparatos, y eso sí, el cambio de pilita. La mía es la tercera generación de relojeros". El dueño de El Cronómetro presume de tener la mejor clientela de Sevilla, entre  la que se encuentra el expresidente de la Junta de Andalucía, Rodríguez de la Borbolla, aunque ya no recalen por allí los numerosos artistas de los grandes teatros sevillanos: San Fernando y Álvarez Quintero de enormes y entrañables recuerdos. La tienda presenta el mismo aspecto que cuando se inaguró, y en ella discurre la vida con el compás y la cadencia propios del tictac que tantas veces ha servido al novelista para resumir en una pincelada toda la filosofía del dios cronos.
EL MUEBLE DE LOS RELOJES,
OBRA DE LAS MANOS QUE 
TALLARON EL PASO DE LA CANINA.
Fue la casa Longines la que costeó, hace muchos años, los seis relojes y el mueble de pino que ha sido el distintivo de El Cronómetro, y que sustituyeron al reloj primitivo de la tienda, que hoy figura en la puerta de los ultramarinos El Reloj, de la calle Arfe. Hasta la restauración ejecutada en 1981, las seis esferas eran guiadas por un reloj de péndulo existente dentro de la tienda, que les enviaba unos impulsos por los que las agujas se movían cada minuto. Cada ocho o diez días era preciso dar cuerda al reloj guía, que aún funciona.
Placa en la fachada del comercio a la memoria de otro sevillano universal.

El Ayuntamiento fue exigente a la hora de autorizar la reparación del mueble con los relojes de El Cronómetro. El nuevo mueble, hecho de caoba de derribos, es una reproducción exacta del anterior, y fue realizado por el mismo tallista que labró el paso de "La Canina".La tornillería que sostiene los relojes es de metal bañado en plata.
 
Otra visión del comercio.

La intervención de hace unos años sustituyó el reloj guía inicial por un "Patek Philippe" de cuarzo, que emplea energía eléctrica como el antiguo pero es todo él pura electrónica.

Esta centralita está conectada por ondas de radio con una emisora sita en Suiza, aunque este sistema no se utiliza desde que el Gobierno cambia la hora periódicamente. 

Asimismo, Enrique Sanchís le ha puesto al equipo un amplificador de sonido y unos altavoces en la calle para que las campanadas tengan resonancias en Sirpes. El desembolso realizado por el dueño es digno de toda alabanza y agradecimiento, pues sólo el reloj de cuarzo está por encima de las doscientas mil pesetas de la época.

Directiva del comercio. Padre e hijo y delegado de la casa suiza.




   




Basado en:

"Comercios Sevillanos que hacen Historia."
Ángel Pérez Guerra.
Ed, Rodríguez Castillejo, 1991. 

Por último, no se pierdan la oportunidad en las fiestas navideñas de poder disfrutar con la actuaciones del coro navideño: "Nuevo Sábado Glub"  bajo la dirección de José Luis Tirado, alma mater del grupo. Donde en el rincón de El Conómetro, entre otros céntricos rincones, suelen obsequiar generosamente a todos con unos tradicionales villancicos con un arte trianero fuera de serie.
He dicho.