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miércoles, 24 de junio de 2020

EL GRAN SILVERIO FRANCONETTI










Cafés de Cante / 1864 – 1908 /

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cafe_cantante_alarc_nSegún vamos adelantando en el tiempo la niebla del pasado se va disipando y poco a poco vamos logrando observar con mayor claridad el desarrollo del género flamenco.
Ya lo hemos dicho. El flamenco es el cante, se toca el cante y se baila el cante. Está en su ADN. La especialización precisamente de los hermanos pequeños, el toque y el baile, son los que se han proyectado más al mundo, debido también a idioma, al no entender las letras no disfrutas la música como es debido, y más el flamenco, con el contenido esencial de sus letras.
Nace el flamenco entonces con el cante pa escuchar, cuando un público guarda silencio ante la rica tonada que, con la guitarra al lado, se expresaría a través de las playeras (después llamadas seguiriyas), polos y cañas (disueltas después en soleares). El esencial colorido del cante lo aportarían la multitud de romances, tonadas y demás cantos orientales 18 que conservaron los herederos de los aquellos gitanos de mil razas. La guitarra y el baile bolero se fundirían con aquellas quejadas tonás, quejas de galera en palabras del Bachiller Revoltoso19, y así se comenzó a gestar la criatura. Fundiendo ambos universos musicales20: la guitarra, el compás y el baile andaluz con la queja gitana, obteniéndose el caldo apropiado para cocinar el flamenco.
El flamenco, como expresión musical tal y como hoy la conocemos, surge de la profesionalización de los cantaores, guitarristas y bailaores que por su valía estaban en condiciones de llevar al terreno artístico sus cantes, toques y bailes. Cuando el repertorio estaba lo suficientemente consolidado, con una estética reconocida, los pioneros de la cosa comenzaron a buscar un espacio apropiado para ofrecer su arte al público, y en los cafés encontraron el lugar idóneo.
cafe cantante en Sevilla, Llovera
cafe cantante en Sevilla, Llovera
Hasta entonces las ventas eran su terreno, así como las fiestas vecinales o las celebraciones de todo tipo, y esporádicamente los más avezados subían a las tablas de los teatros, pero fue en los cafés llamados cantante, al estilo del cafè chantant francés, donde se comenzaron a escuchar los ‘cantes alante’, intermediados por los bailes del país que cada vez eran menos boleros y más flamencos.
Aquellos locales surgieron mediado el siglo XIX y comenzaron su decadencia en los años veinte del siglo pasado. En 1908 una orden ministerial les dio la puntilla y el flamenco más profesionalizado regresaría entonces a los teatros con la conocida ‘ópera flamenca’.
En el flamenco de café se desechan definitivamente instrumentos como los panderos, violines o bandurrias, siendo la guitarra y el cante los medios de expresión principales. En palabras de Blas Vega ‘fue tal la aceptación, que rara era la provincia española que no contara con algún café cantante en su haber’.
Julián Pemartín sintetizó sus características ambientales: ‘Los cafés cantantes estaban instalados alrededor de un patrón general: un salón, lo más amplio posible, y decorado con espejos y carteles de toros, en el que además de las sillas y mesas destinadas al público se levantaba el tablao en donde actuaba el cuadro flamenco’. Pero los cafés no solo eran para el flamenco, allí cabían bailes de todo tipo, magia y hasta lidia de becerros.
Sin embargo la mala fama de aquellos ‘garitos’ se extendía, los detractores del género ponían en tela de juicio su utilidad y en los periódicos solían aparecer más comentarios sobre lo que allí ocurría en la sección de sucesos que en las gacetillas de espectáculos, maldición que arrastra el flamenco desde entonces.
Fueron los cafés sevillanos los que marcaron el camino. Cada vez surgían más artistas que querían participar del nuevo ‘negocio’, la nómina creció exponencialmente en esos años, y es gracias a la intensa actividad profesional desarrollada en los cafés por lo que hoy podemos premumir de tener un tesoro, el repertorio de cante, toque y baile. El número de artistas, gitanos o no, de toda Andalucía y otras provincias, no paraba de crecer y en consecuencia con ellos aumentaban considerablemente las variantes de los diferentes estilos.
Así lo describe el DEIF: ‘El dinero, pues, entró ya abiertamente en funciones; se cotizaban los buenos cantes, los clásicos de siguiriya, soleá y tangos y también los más nuevos: malagueñas, granaínas y fandangos,, y de ahí que todo cantaor buscara en sus adentros y se quebrara la cabeza para sacar a flote sus más raciales o artísticos sonidos’.
Ahí quedaron en la memoria y por generaciones los ecos de los cantes de aquellos grandes maestros, ‘compositores flamencos’ que hicieron escuela y sus alumnos más destacados se encargaron de transmitir. Las grabaciones que conservamos de la última década del XIX en adelante son la prueba más clara de la grandeza de esta música y de la importancia que tiene esa época que denominamos de los cafés cantante.
cafe-cantante
No debemos olvidar además, tal y como nos recuerda Blas Vega, el papel jugado por las academias de baile que fueron el más directo antecedente de los cafés cantante. Este autor, cuya impagable labor nunca podremos agradecer suficientemente, registró en su libro ‘Los cafés cantantes de Sevilla’, los siguientes cafés sitos en la capital hispalense: Salón del Recreo, Antiguo Café de Silverio, Salón Oriente, Café de Lombardos, Café de Los Cagajones, Café del Arenal, Café de Las Triperas, Café de Variedades, Café Sevillano, Café de Lope de Rueda, Café La Alegría, Café de Apolo, Café de La Escalerilla, Café de Silverio, Café de El Burrero, Café Filarmónico, Café-Teatro del Centro, Café Suizo, Café Sin Techo, Café San Agustín, Café de La Marina, Café de Los Carros, Café Cantante Sevillano, Café-Concierto Vista Alegre, Café-Concierto Novedades, El Kursaal, La Bombilla, Salón Barrera, Salón Variedades, Ideal Concert, Salón Olimpia, El Tronío y algunos más. Destacando en la primera época los del Burrero y Silverio, auténticas universidades de cante, toque y baile.
En Cádiz sobresalen el Café de La Jardinera, Café del Recreo, Café del Perejil y Café La Filipina. En el Puerto de Santa María el Café del Navío, Café León de Oro, Café del Refugio y Café del Carbón. En Jerez Café del Conde, Café de La Vera-Cruz, Café de Rogelio, La Primera de Jerez, Café de Caviedes y Café del Palenque.
cafecantante_aMadrid, que desde los tiempos primitivos acogió a los artistas flamencos, también tuvo una buena cantidad de cafés cantante a donde llegaba lo más granado de los cafés andaluces, tales como el Café del Gato, Café de Naranjeros, Café de la Encomienda, Café de La Bolsa, Café de San Joaquín, Café El Imparcial, Café de Atocha, Café El Brillante, Café de La Marina, Café de Las Veneras, Café de la calle de La Victoria, Café La Estrella, Café de Romero, Café de La Magdalena y Café de Don Críspulo
En Málaga, la cantaora, la actividad flamenca no tenía nada que envidiar a las capitales mencionadas, con el Café del Turco, el famoso Café de Chinitas, Café de Las Siete Revueltas, Café de La Loba.Así mismo en Granada encontramos el Café de Cuéllar, Café Suizo, Café Granadino y Café del Callejón. En Almería Café Santo Domingo y Café Lyón D’Or. En Córdoba Salón Recreo y Café del Gran Capitán.
Otras capitales españolas tuvieron importantes centros donde acudían los ‘aficionados al jaleo’, por ejemplo Barcelona con el Café Sevillano, Café La Alegría, Café-Concierto Barcelonés, Edén Concert y Café Villa Rosa. O en Bilbao, donde se encontraban el Café San Francisco y Café de Las Siete Columnas. También en las zonas mineras proliferaron los cafés de cante como los de La Unión, Cartagena o Jaén.
Una vez que prendió la espita del flamenco buena parte de las capitales, como decimos, tuvieron cafés donde de manera más o menos esporádica se podía escuchar flamenco y ver los bailes meridionales que harían durante décadas de públicos de los más variopinto.
EMILIO_BEAUCHY, Café cantante, hacia 1885
EMILIO_BEAUCHY, Café cantante, hacia 1885
SILVERIO, EL REY DE LOS CANTAORES
SilverioNace el flamenco entonces con el cante pa escuchar, cuando un público guarda silencio ante la rica tonada que, con la guitarra al lado, se expresaría a través de las playeras (después llamadas seguiriyas), polos y cañas (disueltas después en soleares), rondeñas, serranas y livianas.
El esencial colorido del cante lo aportarían la multitud de romances, tonadas y demás cantos orientales que conservaron, entre otros, los herederos de aquellos gitanos de mil razas. La guitarra y el baile bolero se fundirían con aquellas quejadas tonás, herencia de los cantos preludiados con las quejas de galera de los gitanos trianeros citadas ya en 1750 por el Bachiller Revoltoso, y así se comenzó a gestar la criatura. Fundiendo ambos universos musicales: la guitarra, el compás y el baile andaluz con la queja gitana, obteniéndose el caldo apropiado para cocinar el flamenco.
Entre todos los artistas de esa época sobresale el considerado en Cádiz como Rey de los cantaores, el ítalo-andaluz Silverio Franconetti Aguilar, sevillano de nacimiento y figura máxima del género, fue el principal responsable de que el flamenco pasara a los Cafés. Fue además de un consumado intérprete y creador de cante flamenco, un eficaz empresario que luchó por llevar a todos los rincones de la geografía ibérica una música excepcional que él mismo dominaba como pocos.
Así de claro señala Manuel Bohórquez: ‘José Ortega, uno de los nietos del gran Enrique Ortega El Gordo, aseguró en una entrevista de 1922 que Silverio era el seguiriyero más grande de su tiempo, según le dijo su abuelo, El Gordo viejo. Lo afirmaba un cantaor gitano, lo que demuestra el prestigio y la importancia que como cantaor tuvo el gachó de la sevillana calle Odreros, o sea, de la Alfalfa. Aunque lo acusaron de prostituir el cante gitano, lo que en realidad hizo Silverio Franconetti fue poner en valor el género musical andaluz, dignificarlo y darle categoría’.
El Comercio 29/7/1864
El Comercio 29/7/1864
Cuando Silverio Franconetti pisó tierra española en abril de 1864 después de su periplo americano de ocho años, dio su primer concierto el 29 julio en el Teatro del Circo Gaditano con la guitarra del maestro de Cádiz José Patiño. Su repertorio oriental marca el punto de partida de la revolución que llevó a cabo el cantaor sevillano. Con él el flamenco se establecería como espectáculo único en los cafés cantante.
Silverio se estableció primero en el Café del Burrero para más tarde tener el suyo propio que encontramos anunciado a diario en la prensa sevillana y por donde pasarán todas las figuras de aquella época. El empresario-cantaor marcaba la pauta, elegía los artistas y llenaba de público aquel lugar en pleno centro de Sevilla.
El Café de Silverio fue la gran universidad del flamenco, el género se perfeccionó sobre aquellas tablas y la afición iba modelando sus gustos a la par que los artistas forjaban el repertorio. Silverio provocó aquella revolución en la música andaluza, llamada a ser la primera y más reconocida de las músicas de las que se practican en España.
Así lo describió el propio Federico García Lorca
Entre italiano y flamenco,
¿cómo cantaría aquel Silverio?
La densa miel de Italia con el limón nuestro,
iba en el hondo llanto del siguiriyero.
Su grito fue terrible.
Los viejos dicen que se erizaban
los cabellos,
y se abría el azogue de los espejos.
Pasaba por los tonos sin romperlos.
Y fue un creador y un jardinero.
Un creador de glorietas para el silencio.
Ahora su melodía duerme con los ecos.
Definitiva y pura.
¡Con los últimos ecos!
LOS ORTEGA DE CÁDIZ, UNA ESTIRPE FLAMENCA
Ya nos hemos referido antes a la saga gaditana de los Ortega, una de las estirpes gitanas de mayor abolengo flamenco que comienza con Enrique el Gordo y llega hasta el mismísimo Manolo Caracol. En este árbol genealógico que hemos diseñado a partir de las investigaciones llevadas a cabo por Manuel Bohórquez y Antonio Barberán, podemos observar como está plagado de primerísimas figuras del cante gaditano además de la rama taurina de los Gallo.
GENEALOGÍA DE CARACOL
GENEALOGÍA DE CARACOL
Los Ortega dieron lustre al flamenco gaditano y por extensión a todo el género con cantaores y bailaores de primera, confluyendo como decimos en el gran Manolo Caracol. En su árbol genealógico encontramos nombres como los de Planeta, Fillo, Curro Dulce, El Águila, Rita Ortega, Gabriela Ortega y hasta El Mellizo, que casó con una Ortega, por supuesto el jefe de la saga El Gordo y su hijo Enrique también apodado El Gordo, La Jacoba y tantos Ortega que, sin olvidar a los míticos toreros Gallo, Joselito, Fernando y Rafael, toda la familia inscribió con letras de oro el cante y baile flamenco en la época de principal cristalización de los estilos, soleares, seguiriyas o cantiñas, fandangos y malagueñas, tientos y bulerías. Los cafés serían para muchos de ellos el lugar donde exhibir su arte y dejar una huella imborrable en la historia del flamenco.
OTROS NOMBRES QUE MARCARON ÉPOCA
En el ámbito de la seguiriya, a caballo entre la época anterior y ésta, son obligados los nombres de Curro Dulce, el señor Manuel Molina y Frasco el Colorao, quienes con su estilo personal trazaron las pautas de un cante considerado como el paradigma de lo jondo. Sin olvidar a María Borrico o su hermano Perico Piña El Viejo de la Isla, que con sus seguiriyas impusieron una forma de cantar que ha perdurado hasta hoy.
El trianero Manuel Cagancho, padre de otro grande del cante, Antonio Cagancho, está considerado así mismo uno de los patriarcas del cante en el arrabal sevillano, marcando una época con sus seguiriyas y soleares.
Destaca también el portuense Tomás El Nitri, primera llave de oro del cante, otro seguiriyero de pro que mereció el respeto de los grandes a pesar de su vida un tanto desordenada, de artista bohemio que se dejó fotografiar para la posteridad como poseedor de la citada llave.
Y MÁS…
El Loco y Loca Mateo, Paco el del Lucena y Josefita La Pitraca
El Loco y Loca Mateo, Paco el del Lucena y Josefita La Pitraca
En Jerez destacan el Loco Mateo creador de seguiriyas, Paco La Luz, Diego el Marrurro o Joaquín Lacherna, y también es jerezana la gran mujer del cante, Mercé La Serneta, considerada como natural de Utrera hasta hace poco tiempo, lugar donde residió la última parte de su larguísima vida y que nos legó hasta siete cantes por soleá que gozan de excelente salud en el repertorio de todo cantaor que se precie.
Ya entre los nacidos en los cuarenta destacan la rondeña La Andonda y el malagueño Juan Breva, sobresalientes creadores de cante por soleá y malagueñas respectivamente y figuras imprescindibles en la confección del repertorio flamenco. A Breva le debemos la enorme labor de traducir los cantos tradicionales de su tierra malagueña al cante flamenco, abriendo la puerta a estilos, sobre todo de fandangos, que entraron a formar parte del repertorio de la música flamenca que hasta él aun no se habían incorporado convenientemente. Su labor en los cafés fue necesaria para que ocurriese el milagro. Con él la malagueña se impuso como paradigma del cante, tratando de tú a soleares y seguiriyas.
En Jerez aparece otra gran figura conocido como Frijones, Antonio Vargas, y en Triana el hijo de Manuel Cagancho, Antonio. Ambos cultivadores de cantes inmortales que aun hoy siguen vivitos y coleando.
De 1848 es Antonio Grau conocido como El Rojo el Alpargatero, fundamental para el desarrollo de los cantes nominados de Levante, y de 1849 ‘el Falla del cante flamenco’ como describiera Fernando Quiñones a Enrique Jiménez Jiménez, conocido por El Mellizo. Puntillero y picador ocasional trabajaba en el matadero gaditano y su magisterio fue reconocido por propios y extraños. Maestro de maestros como Chacón o Manuel Torre su legado, por seguiriya, soleá, su malagueña nueva, libre de ritmo que acabó imponiéndose como modelo de fandango para el cante en los cafés, amén de creador de tientos o alegrías. Enrique fijó y dio esplendor a múltiples cantes que al día de hoy siguen siendo muy apreciados por los artistas y el público.
De la localidad malagueña de Álora sobresale el malogrado cantaor Manuel Reyes El Canario autor de una memorable malagueña, de Jerez Antonio El Marrurro y de Sevilla Antonio Silva El Portugués.
Nacidos en los cincuenta del XIX son Ramón de Triana conocido como El Ollero, quien dejará una profunda huella en el cante trianero por soleá. Y los hermanos Juan y José García Moreno, los Pelao de Triana, herreros y martineteros, así su primo Francisco la Perla, el seguiriyero que pasó a Cádiz de niño.
MAESTROS DE LA GUITARRA
Lavignac Laurencie Encyclopedie de la musique París 1927, p. 2016
Lavignac Laurencie Encyclopedie de la musique París 1927, p. 2016
En la guitarra flamenca, además de aquellos pioneros ya mencionados José Patiño y Paquirri Guanter, hay que destacar al también gaditano Manuel Pérez El Pollo y, ya nacido en los años cincuenta, a Paco de Lucena, artista con una vida llena de éxitos y pionero concertista, una especialidad que se prodigaba poco por no decir nada. Aun tardaría en llegar la época de los maestros de la guitarra flamenca de concierto. Paco de Lucena lo podemos considerar en eso uno de los pioneros. Fallecido prematuramente, su legado en la guitarra ha quedado en los dedos de todos los que vinieron después. En ese sentido ay que destacar también al sanluqueño Paco El Barbero quien marcó una época teniendo academia en Sevilla, y comparte con Paco de Lucena el honor de haber sido pionero en la guitarra flamenca de concierto.
En los cafés encontramos además primerísimas figuras del toque, tales como el castellonense Miguel Borrull, alumno de Francisco Tárrega a quien debemos el haber fundido el lenguaje de la guitarra clásica con el toque flamenco, añadiendo las técnicas propias del ‘toque por lo fino’, el llamado ‘toque pa arriba’, basado en la realización de trémolos, arpegios y picados, a las propios del toque flamenco, el ‘toque pa abajo’, principalemente la alzapúa y los rasgueos, básicos para la expresión flamenca.
Otro principalísimo guitarrista de aquellos años fue el jerezano Javier Molina, en quien confluyó toda la escuela anterior dotando a las formas flamencas de una rítmica hasta él inédita en el toque, actualizando con su maestría la guitarra flamenca preparándola para la gran revolución que vivirá ya entrado el siglo XX. Serán ambos, Borrull y Molina los que allanarán el terreno al gran artífice de la guitarra flamenca contemporánea, Ramón Montoya, el Johann Sebastian de la sonanta. A él nos referiremos más despacio en la siguiente unidad. Baste decir que en Montoya confluye todo la escuela de guitarra española, fundiendo mejor que nadie, desde Lavapiés, el lenguaje de la guitarra barbera y el toque más refinado y que hoy muchos llaman guitarra clásica.
Somos de la opinión que la verdadera guitarra clásica es la flamenca, precisamente por fundir en sus cuerdas las escuelas más antiguas del toque español. El rasgado y el punteado de las piezas de vihuela del siglo XVI son su antecedente más claro, así hasta Montoya, el gran tocaor de guitarra, flamenca si, la verdadera guitarra clásica española.
Don Ramón fue además el acompañante de las principales figuras de la época, su toque ha quedado para siempre en la memoria de todos los guitarristas y, tal y como ocurre hoy en día con Paco de Lucía, nadie pudo escapar a su influencia.
BAILAORES Y BAILAORAS
En la época de los cafés, como ocurrió con el cante y la guitarra la especialización será la pauta a seguir también por los bailadores, adaptando su lenguaje a las novedosas exigencias de la época. Se centrarán en una serie corta de bailes que serán marca de la casa. Aparece la bata de cola, el mantón y el sombrero de ala ancha y, poco a poco, se prescinde de las castañuelas dominando ante todo la austeridad, para así alcanzar el máximo de expresión con el mínimo de medios, que esa parece que fue la pauta a seguir.
La ausencia de movimientos violentos en la mujer contenida por la bata, contrasta con la fuerza del llamado ‘baile macho’ con sus veloces desplantes y zapateos de filigrana, llenos de música, de auténtica percusión flamenca. El braceo y la cabeza en la mujer y los pies en el hombre. José Luis Navarro en este sentido comenta ‘El baile femenino era de cintura para arriba: gracia en la figura, expresividad en el rostro, movimientos de cadera, quiebros, apenas algunas escobillas, y juego de brazos y manos. El baile de hombre era austero, sobrio, de figura erguida, y se concentraba de cintura para abajo, buscando el lucimiento personal en el virtuosismo de sus zapateados’. Así se desarrollan estilos propiamente para mujer, como las alegrías, la soleá o los tientos, reservando el zapateado o la farruca para el hombre.
No obstante en épocas muy tempranas aparecen también las bailaoras vestidas de hombre que usan los pies como elemento central, como el caso de Trinidad Huertas La Cuenca quien tuvo uno de sus más resonados éxitos con una coreografía basada en las suertes del toreo y que paseó por los mejores escenarios.
El Comercio, Cádiz 2/6/1869
El Comercio, Cádiz 2/6/1869
Sin embargo es importante anotar que, como se ha llegado a afirmar, por cada veinte bailaores había un bailaor, extremo que no compartimos si nos centramos en las informaciones de Cádiz y Sevilla que han sido rescatadas de la prensa antigua. Encontramos por ejemplo en 1869 al gaditano Raspaor bailando ‘por alegre’ acompañado de Patiño y el cante de El Quiqui, maestros del cante, toque y baile por alegrías en las tablas de los teatros gaditanos de entonces.
Aunque es verdad que había más mujeres que hombres sobre los tablaos de los cafés, son muchos como vemos los nombres de hombre que aparecen en épocas tempranas como es el caso de Romero el Tito, Paquiro. Lamparilla, hijo de Antonio el Pintor, o Antonio de Bilbao. Todos ellos pioneros del baile de hombre y estrellas indiscutibles en los cafés cantante de finales del XIX.
Si las alegrías eran el baile predilecto de la mujer las compartían con el tango, aunque éste viviera en los cafés una fase de aflamencamiento tanto en la música como en el baile hasta que encontró su camino para dejar de ser canción y convertirse definitivamente en cante, y fue entonces, acabando el siglo, cuando se hizo flamenco, perdiendo aroma antillano para imprimir el adecuado acento andaluz y agitanado.
Las alegrías fueron como decimos las que marcaron el camino y de ellas se expandieron el resto de estilos adaptándose al carácter de cada uno. Si la elegancia y flamencura la ponían las alegrías el tango ponía el acento pícaro, juguetón y de aire rumboso. Este se hizo flamenco a través del llamado tango de los tientos, abriendo la puerta para la posterior creación de otros derivados del tango como la farruca y el garrotín que fueron coreografiados por el sevillano Faíco junto a Ramón Montoya iniciándose el siglo XX, baile que pasó al Gato, de los Pelao de Madrid, para llegar a Antonio Gades en los años sesenta.
Entre las mujeres destacan nombres como los de Concha la Carbonera, Rafaela Valverde o Rosario Monge la Mejorana, madre de Pastora Imperio, que conservaban la antigua práctica de cantar y acompañarse con el baile que se remonta a los tiempos de La Caramba y llega hasta Carmen Amaya.
Por su parte el zapateado tendrá como protagonista de nuevo al Raspaó quien, además de aparecer como pionero bailaor de alegrías, modeló la versión ulterior del zapateado junto a las aportaciones de Antonio el Pintor. También, aunque a caballo entre dos épocas de la historia del flamenco encontramos a El Estampío o el antes citado Antonio de Bilbao
Las soleares tendrán también su lugar de honor entre los primeros estilos, no en vano al compartir compás y rítmica con las alegrías, muchos de los pasos de estas los podemos encontrar en la soleá aunque la actitud y carácter de este baile difiera bastante del propio de las alegrías.
LA MACARRONA Alfonso Grosso
LA MACARRONA Alfonso Grosso
Ya supimos de la soleá bailada por Pepa Vargas en 1854, aunque este baile seguramente estaría en proceso de adaptación al lenguaje flamenco desde el bolero, escuela que practicaba normalmente la bailadora gaditana, pero ahí está el dato, y una década antes de las primeras noticias de alegrías. Esta forma será la que pase seguramente más tarde a las pioneras bailaoras gaditanas como Grabriela Ortega o La Mejorana, y por fin a las maestras jerezanas del baile flamenco, la Quica, la Malena y la Macarrona, auténticas estrellas de los cafés. Todos ellos forjaron los principios del baile flamenco ya totalmente definido con respecto a sus antecesores, los boleros, los bailes de jaleo y los tradicionales andaluces, caldo de cultivo con el que estos maestros diseñaron la estética bailable que hoy reconocemos como flamenca.
Juana Vargas La Macarrona marcó una época con su baile majestuoso, trazando los pasos y mudanzas que hoy definen la estética del baile flamenco, a ella le debemos la definitiva conversión de los bailes boleros en flamencos, aunque muchos no quieran ver a la escuela bolera como la natural antecesora de la flamenca, confundiendo la bolera original (1780-1850) con la recuperado por la familia Pericet a principios del siglo XX.
No le está a la zaga su paisana La Malena, Magdalena Seda Loreto, otra de las grandes que aparecerá décadas más tarde, ya como eminencia del baile clásico flamenco y junto a Juana la Macarrona, en el espectáculo de Encarnación López La Argentinita nominado La calles de Cádiz.
A CABALLO ENTRE DOS ÉPOCAS
La época de los cafés, que podemos delimitar entre 1860 y 1910, por ejemplo, proporciona al flamenco los ingredientes necesarios para confeccionar un género hoy clásico y poseedor de todo lo necesario para mostrarse al mundo como tal, con una estética diferenciadora que lo hace único. Pero algunos de los artistas principales de esa época también vivieron intensamente la que aquí denominamos Edad de Oro y que no coincide con la que la flamencología ha designado tradicionalmente como tal.
Para los flamencólogos de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado la de los cafés fue la época dorada del flamenco, sin embargo a la vista de la nómina de artistas que ejercen su magisterio a partir de 1910 hasta que ven truncada su vida artística por la nefasta guerra civil preferimos atribuir el honor al periodo 1910-1936, comúnmente denostado por la flamencología más tradicionalista por coincidir los últimos diez años con la ‘ópera flamenca’.
Como decimos algunos nombres cruciales del flamenco viven intensamente ambas épocas, caso de Antonio Chacón o Manuel Torre, por citar dos gigantes. Por ello preferimos referirnos a ellos en el siguiente capítulo sin olvidar el papel jugado, sobre todo por Chacón, en la época de los cafés.
EL SISTEMA DEL BAILE FLAMENCO
El Sistema del baile flamenco difiere bastante del que veros en la primera unidad de la asignatura de Teoría musical del flamenco referido al cante. En el flamenco son muchos menos los estilos bailables que los cantables y algunos de ellos fueron además creados bien entrado el siglo XX, como es el caso de las seguiriyas o los martinetes, los tarantos o la farruca, todos creados por grandes maestros del pasado siglo.
Suele ser práctica muy común en la flamencología confundir los estilos bailables presentes en la historiografía de la primera mitad del siglo XIX bajo el nombre incluso de soleares, como hemos visto en el caso de Pepita Vargas bailando la soleá en 1854, con los netamente flamencos. Si retrocedemos en el tiempo podemos observar como existe un paulatino ‘aflamencamiento’ de los bailes tradicionales andaluces dotándolos del acento ‘agitanado’ imprescindible para que los consideremos como flamencos. Por lo tanto deberemos tener cuidado si queremos atribuir la categoría de flamenco a un baile por fandangos de la segunda mitad del siglo XVIII que, si bien podrían contener el germen de los pasos y mudanzas propios del baile flamenco, aun no están configurados como tales, ya que por entonces aun no había cristalizado la estética propiamente flamenca que no aparecerá como tal hasta bien entrada la segunda mitad del siglo romántico.
Tal y como podemos observar en el cuadro del Sistema Musical del Baile los estilos fueron surgiendo a partir de los pasos ejecutado en diversos bailes que inevitablemente pisaban terrenos donde lo castizo (en el caso del flamenco lo gitano y agitanado) tenía mando en plaza. La cuestión era separarse de la sempiterna influencia franco-italiana que todo lo inundaba con su presencia en la España del XVIII. Esa colonización artística será la que condicione los bailes españoles, y preferentemente los andaluces, para acentuar su carácter indígena con movimientos y compases tan propios que resultan tener una marcada personalidad meridional que no podríamos encontrar en los más refinados bailes de la sociedad europea. Esas diferencias son las que marcan el camino que indefectiblemente conduce a una radicalización del estilo hacia posiciones de exaltación de la identidad andaluza representada como ningún otro grupo como por los gitanos, preferentemente los de Sevilla y Cádiz, verdaderos representantes del milenario mestizaje del sur peninsular.
SMB
Siguiente capítulo: Edad de Oro




Antecedentes



FLAMENCOPOLIS, por su afición:  es un blog muy admirado y valioso para mi. Su autor es el profesor Faustino Núñez, al que me honrré seguirle antes que clausurara su blog. Espero que no me pida que retire este tesoro de entrada, pero si así me lo pidiera respetuosamente acataría. Estoy muy agradecida por la ardua y meritoria labor que hace por el Flamenco. Como descendiente de Silverio:

¡GRACIAS!
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏

* La Cultura es para compartirla... 


DEDICATORIA

A mi amigo Juan L Trujillo, por el sentimiento profundo al FLAMENCO, como regalo en el día de su onomástica, 2020.
¡Olé er niño de Vardepeña! ¡Arsa!




Para todos, especialmente para Tracy:


Pulsa en el enlace, el video es de mi profesor, D. José Mª Pêrez Orozco, catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Sevilla, (fallecido hace pocos años), tengo varias entradas sobre él en el blog.





 Flamenco y Literatura: II-I-2   Consejería de Educación y CIENCIAde la Junta de Andalucía.

Textos y presentaciones: Manuel Vidal, Alfonso Eduardo y José María Pérez Orozco.

 tps://www.youtube.com/watch?v=g5N9rwAepoY&feature=e

Tracy, te doy el título del video y el enlace, si no sale, con estos datos, intentalo tú.
Ya sabes que Blogguer me tiene manía. Pero no suelo rendirme, soy peleona...Pon estos datos en youtu.be o en el "busca". Yo lo tengo en este blog...

Dime si lo lograste.

Un beso. 










 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

CAFÉS CANTANTES DE SEVILLA:






PARA LOS QUE LES APASIONEN LA HISTORIA Y CURIOSIDADES DE SEVILLA...

"LOS CAFÉS CANTANTES DE SEVILLA, SIGLO XIX"

Nacieron a comienzos del siglo XIX como lugares en que, además de flamenco, se programaban otros géneros. Pronto se convirtieron en escenario exclusivamente cabal. Sin embargo, los Cafés Cantantes de Sevilla acogieron no sólo a las mayores figuras de la historia del flamenco hasta los años treinta del siglo pasado, sino a intelectuales que fueron  a deleitarse  con el arte jondo a estos locales: Estébanez Calderón, Jacinto Benevente, George Borrow o Borges, entre otros muchos, están como visitantes asiduos, proliferaron en el centro de la ciudad, creando partidarios.                                 
Foto: M. Bohórquez. Silverio Franconetti.

Silverio Franconetti y Manuel Ojeda, El Burrero, pasaron de ser socios en el Café de la Escalerilla de la calle Tarifa, en La Campana, a ser grandes adversarios. Y en esa disputa comenzó una leyenda del flamenco que todavía perdura. Los cafés fueron la Bienal del siglo XIX, hasta que la piqueta acabó con ellos, (como otros tantos notables edificios sevillanos), coincidiendo con la entrada definitiva del flamenco en los grandes teatros. Muchos de esos locales conservan sus edificios originales. Otros no. Pero de ellos se escribe casi toda la historia del flamenco. Silverio desde joven fue un destacadísimo cantaor. En Cádiz, (según Demófilo y otros), se le proclamó como "el rey de los cantaores". Sacó al flamenco de su origen humilde y tabernas y llevarlo a los escenarios de los mejores Cafés Cantantes. Sus biógrafos de la talla de Fernando el de Triana, Demófilo...le consideraron un cantaor enciclopédico porque cantaba todos los palos del flamenco como nadie...

La ruta   para rememorar aquel tiempo en el que los locales iban corriendo de la La Campana a la calle Rosario para ver cantar a Fosforito el Viejo y en el otro a Antonio Chacón. Un tiempo en el que también hubo sangre. Y en el que se dio el mayor esplendor el género. Aquí comienza un paseo por los escenarios históricos de flamenco, verdaderos templos de arte.  

RUTA POR LA BIENAL DEL SIGLO XIX: LOS CAFÉS CANTANTES DE SEVILLA:

CAFÉ CABEZA DEL TURCO: estuvo en la calle Sierpes y se consideraba el más antiguo. La única referencia  conocida es la realizada por el escritor M. Chaves Nogales en su libro "La Ciudad" donde cuenta que el primer café cantante de Sevilla fue éste y fundó en torno a 1822. Dice Chaves en esta obra: "-Lo flamenco, los que se asombran al escuchar las mezcolanza de evocaciones, de sentimientos y conceptos antagónicos, a veces incomprensibles, que se viertan por la boca de nuestros cantaores en las fiestas del pueblo, deberían leer cuidadosamente esas páginas de Éstebanez, y a saber lo que eran nuestras diversiones, después de Olés, Tiranas, Polos, Serranas, Caleseras, Rondeñas, Granaínas y Sevillanas, se cantaban aquellos romances peregrinos, aquellas corridas de que tanto gustaba la gente del pueblo, Parece inexplicable, ¿verdad? Pues no hace más de cincuenta años que eran así las fiestas en Sevilla. No hay datos sobre los estilos que interprentaban, claramente  en los orígenes del flamenco y como lo conocemos hoy.

CAFÉ LOMBARDOS: estuvo situado en la hoy calle Muñoz Olivé, entre 1842 y 1847. Según Fernando el de Triana, junto a una sala de billares y se comunicaba con él, por lo que podría ser  que en realidad era la segunda sala del principal coliseo sevillano entonces. La principal figura de sus carteles fue la gran bailaora Juana La Macarrona, en la calle Sierpes.                                             
Café Cantante Suizo.


CAFÉ TEATRO SUIZO: estuvo en el 27 y 29, desde 1860 al 1899. Tenía salidas por la calle Cuna y Limones. Ese edificio se convirtió después en el conocido Teatro Imperial, durante muchos años. Tuvo mucha repercusión  en el flamenco, pero en Sevilla pasó sobre todo a la historia porque fue el primer lugar en ofrecer una sesión de cinematógrafo, concretamente el 17 de septiembre una en 1896. 

En el apartado jondo destacaron el maestro Pericet y Las Coquineras.

CAFÉ DE LOS CAAJONES: este café estaba en la Plaza de la Paja, actual, Ponce de León, en los años 60 del siglo pasado. Fue el lugar debutaron en Sevilla los famosos guitarristas: José Patiño, de Cádiz, y el sevillano Antonio Pérez.            
                                                                                                                                      
Foto: internet: La gran Pastora Imperio

CAFÉ DE LAS TRIPERAS: estuvo en la calle Triperas, hoy Velázquez. Entre otras grandes figuras de la época, allí se inició la gran Pastora Imperio, razón por la que actualmente se expone allí el busto de la genial bailaora sevillana, (cosa que no saben la mayoría de sevillanos). También fue lugar de actuación habitual del maestro de baile José Otero, que recordaba así: "Siendo yo muy pequeño, solía llevarme mi padre, y le oía repetir lo bien que bailaban Los Panaderos  Paca La Jerezana y el arte con que la acompañaba en la guitarra el difunto Pérez.                                                         
Foto: internet. Café del Burrero


SALÓN RECREO Y CAFÉ DEL BURRERO: situado en la calle Tarifa, 1, en la esquina con Amor de Dios, entre 1865 al 1880. Antes de ser café cantante, este lugar fue una academia de baile regentada por Miguel de la Barrera. Posteriormente se convirtió en el Salon Recreo bajo la gestión del malagueño Luis Botella, (durante tiempo se llamó, "Café Botella"), que contó con la colaboración del gran Silverio Franconetti. Unos años después, Botella se marchó y el histórico Franconetti se asoció con Manuel Ojeda El Burrero, apelativo referente a que se dedicaba a la venta de leche de burra. El local pasó a llamarse primero. "Café de la Escalerilla" y luego a "Café del Burrero" y llegó a ser uno de los más famosos de España, con actuaciones tan célebres como la mítica gaditana, Gabriela Ortega, madre de los famosos toreros sevillanos, los Gallos. Silverio se escindió en 1881, pero El Burrero continuó después en el número 11 de la calle Sierpes hasta comienzos del siglo XX, Ojeda murió tras partirse una cadera y su célebre café cerró. Entre los principales figuras que allí actuaron están: El Canario. La Carbonera...destaca el cantaor gaditano Fco Lema Ullet, Fosforito Viejo, que fue protagonista de una célebre disputa con el Café de Silverio. La primera referencia que se conoce de este lugar es la publicada en Sevilla el 25 de marzo de 1865 y recogida por José Blas Vega: "Salón del Recreo, situado en La Campana, calle Tarifa, número 1. En la noche de hoy habrá un extraordinario ensayo de baile nacionales  de palillos, contando para ello con ocho buenas parejas y asistiendo además el afamado cantaor Silverio Freanconetti, recién llegado de Cádiz; José Ordóñez, conocido como Juraco, y también varias gitanas para los jaleos".          
Foto: Internet, Antonio Chacón-


CAFÉ DE SILVERIO: el gran cantaor Silverio Franconetti decidió separarse de su socio El Burrero en 1881 y montó su celebérrimo café en el núero 4 de la calle Rosario, situado entre Tetuán y Méndez Núñez. Allí desfilaron los mejores. Contrató nada menos que a D. Antonio Chacón, (el "don" se lo ganó con su cante, vox populis ), considerado como el Papa del Cante, que se presentó en su local en 1886. Se estableció entonces una pugna por el trono del flamenco entre Chacón y Fosforito, de manera que pese a sus desavenencias con Silverio y El Burrero tuvieron que ponerse de acuerdo en los horarios para que el público pudiera asistir a los dos cafés en la misma noche y ver a ambas figuras. Pasar por el café significaba estar consagrado. Figuras como La Macaca, La Serrana, La Serneta, Dolores La Parrala, Pepa Oro, El Perote, La Rubia, Antonia La Gamba, Juana La Macarrona, La Malena, Antonio el Pintor, además del mismo Silverio y otros muchos destacados artistas. De allí pasó a La Campana para abrir el el Café Novedades, auténtico templo de la época dorada del flamenco con figuras como la Niña de los Peines, La Macarrona, Juan Breva...  
Foto: Internet. La Niña de los Peines.



En 1889, Silverio decidió cerrarlo. También fue el año en que Franconetti murió, relativamente joven.
Foto: internet. Café Novedades.



SALÓN NOVEDADES: el "Novedades" fue fundado en 1897 por Fernando González de la Serna y Pino, como café de conciertos con el propósito de recuperar el espacio perdido con la desaparición de los antiguos cafés cantantes de El Burrero y Silverio y el Salón Filarmónico. Este espacio ocupaba la casa número 7 de la entonces calle Santa María de Gracia, esquina a Martín Villa, antigua calle Plata, El edificio más estrecho al principio, fue construído en el siglo XVII por Nicolás Grubel y sus descendientes residieron en él a principio del siglo XIX. En 1809 consta que fue residencia del marqués de Alventos. Fue derribado, (para dolor de los sevillanos), el 19 de marzo de 1923, y fue cuando se hizo el ensanche proyectado en 1895. "El alcalde Palanqueta", Antonio Halcón y Vinet logró comprar el inmueble a la propietaria, Dª Salvadora García de Leániz, después de años de pleítos y resistencias. El día de su demolición se congregó una enorme multitud en la Plaza de La Campana, dolidos que portaban pancartas que decía: "Novedades, nunca te olvidaremos". No en vano, allí había los más grandes del arte en Sevilla: La Coquinera, Manuel Torre, Pastora Imperio, El Niño Medina, Rita Ortega, La Malena...y unos jóvenes que aprovecharon la oportunidad que daba este café de que salieran a cantar los aficionados y que pronto se convirtieron en grandes figuras históricas: Pepe Marchena, Pepe Pinto, (marido de la Niña de los Peines), El Carbonerillo...hubo muchos más, como el Apolo, en El  Arenal, el de La Marina, el Vista Alegre, el Kursaal, el Ideal Concert, Café Madrid, el Filarmónico o la Nevería del Burrero, situada junto al Puente de Triana, donde el 13 de agosto de 1885, el padre de la cantaora La Rubia apuñaló al cantaor El Canario, dándole muerte, un suceso que lastró ya para siempre la reputación de estos locales que hoy ya sólo existen en las hemerotecas.



Foto: internet. El Kursaal




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domingo, 22 de marzo de 2015

SILVERIO FRANCONETTI: UN MISTERIO...

                                                                               
   



...La "FIESTA BRAVA" despertaba gran expectación y por lo mismo, cabe suponer que Silverio Franconetti mantuvo un vínculo intenso con los montevideanos. En ocasiones hay alusiones al cantaor en pocos periódicos que se conservan de entonces...

En su juventud, Silverio Franconetti viajó al Río de la Plata. Según Demófilo, su amigo y biógrafo, se ocupó de "de picar toros en los tiempos de paz y a servir en los tiempos de guerra a los ejércitos de la República del Uruguay, donde llegó a obtener el grado de oficial". Por lo demás, todo lo relacionado con ese periodo estaba envuelto en misterio.

A principios de octubre me aprestaba a dejar Sevilla para llevar a cabo parte de mi actividad de investigación en Uruguay. Entonces el Dr. Carlos Martínez  Shaw me convenció del doble interés de ahondar en la historia de la tauromaquia en países que actualmente no tienen significación taurina. Sostuvo que tal hecho no debería esconder que la "Fiesta Brava" fue-si las analogías pueden ser usadas en ese sentido-un fenómeno social tan importante como hoy es el fútbol. Por lo mismo, la historia de las corridas de toros en Uruguay y en otros países en circunstancias similares, debiera ser abordada. Ello aportaría datos importantes para los aficionados y, sobre todo, iluminaria el pasado al recuperar un hecho de tanta repercusión social. En fecha similar, el Dr. Fernando Iwasaki me comentó el misterio que envuelve el viaje de Franconetti. Me preguntó sobre repertorios documentales en Uruguay y fuentes que pudieran referir al que por entonces todavía no había adquirido fama inmensa como cantaor. Aunque coincidimos en la escasa posibilidad de éxito en la tarea, el desafío quedó planteado.

POESÍA PATRIÓTICA Y TOROS

Francisco Acuña de Figueroa-autor del himno nacional uruguayo-fue un poeta prolífero y según alguno de sus críticos, obsceno. Su poesía es hoy muy poco leída y la única-incompleta-edición de sus obras completas es de 1890. En esos doce volúmenes hay diversas composiciones destinadas a celebrar las corridas de toros, entre las que destacan las denominadas "toraidas". En ellas, correspondiente al año 1874, titulada "Pinceladas biográficas sobre los toreros de la cuadrilla del señor Manuel Sánchez, (alias el Pintor"), hay diversas apreciaciones sobre el cantaor: 

"Silverio Franconetti (alias el Gordito),
de Sevilla-picador.
El novel Franconetti, aunque algo
obeso, demuestra en el picar
pujanza y tino;
Es mozo de valor y hombre de peso;
Esto lo sabe y siente su rocino.
Unas veces contuso, otras ileso,
Tiene si Dios aparte o su destino;
Ya vencedor, su aplauso sube al cielo,
Ya vencido, su espalda bate el suelo...

El cantaor debía tener entonces veinticinco años. Al parecer fue el público montevideano el que le apodó "Gordito", ya que en nota que acompaña la misma composición, el vate afirmó:

Si el pueblo estos hombres
o apodos abona
La ley los sanciona
¡Magnifica ley!
No importa que alguno
Se muestre indigesto;
Al menos en esto
El pueblo es el rey.

EL GORDITO

En otra de sus composiciones-"toraida encomiástica"-el poeta celebró la corrida del domingo 7-6-1857. De lo que escribió parece deducirse que aquella  fue la primera actuación de Franconetti en Montevideo. Empezó por referirse a "dos picadores y el anunciado novicio", para más adelante escribir:

"Mas el novel aspirante
Es Franconetti, el Gordito,
Cuyo enorme volumen
No cuadra el diminutivo
Bajo tal mole, y si el bicho
Es pegajoso, ¡Adiós gordo!
Me temo algún estropicio"

Unos versos más adelante prosiguió:

"Mas, ya Frenconetti enristra
La pica, ya en los estribos
se asegura bien, y el brete
Vomita un toro en el circo.

Receloso el animal,
De hosca frente y buen trapío,
Al cargar sobre el jinete
Se escupe huyendo del castigo.

Entra el bicho a la vara y sigue abanto,
Y vuelve hacia el Gordo, que ligero
También clavó la púa un tanto cuanto;
Con el público aptauso-linsojeo
El novel se animó que era un encanto,
Y en tres lances que el toro le acomete,
Dio muestras de valor sin ser jinete...

 Dos veces Franconetti cayó al suelo. 
Lo mismo el Paragüero, y también Britos,
Pero en varios encuentros hasta el cielo
Se alzaron con aplausos infinitos."

TOROS Y GUERRA CIVIL

La "Fiesta Brava" despertaba gran expetación y por lo mismo, cabe suponer que Franconetti mantuvo un vínculo intenso con los montevideanos. En ocasiónes hay alusiones al cantaor en los pocos periódicos que se conservan de entonces. Por ejemplo, "La Semana" de 26-10-1857 usó los apodos "Gordito" y "Volumen de elefante" en una información relacionada con toros.

A mediados del siglo XIX las corridas "al modo criollo" debían ser un espectáculo generalizado en todo Uruguay. En cambio, las que se practicaban "a la española" eran novedad fuera de Montevideo. Según el periódico antes referido, la cuadrilla de "El Pintor"-y por tanto, la de Franconetti-actuó en el interior. Así, el cantaor debió familiarizarse con un medio rural bravío, en el que había escaso espacio para quien no dominara el manejo de armas y caballos.

En el Uruguay del siglo XIX se vertió sangre de toros y de hombres: durante la centuria no hubo generación que no fuera golpeada por la guerra fratricida. El año 1857, en que Acuña de Figueroa celebró la actuación de Franconetti, fue el último de un breve periodo de paz. A principios del año siguiente un alzamiento concluyó cuando más de ciento cincuenta insurrectos fueron ejecutados tras deponer las armas. Luego de ese episodio conocido como "hecatombe  de Quinteros" la sangre volvió a correr a raudales. La confirmación de la primera parte del aserto de Demófilo induce a creer en la segunda y aceptar que Franconetti sirvió en tiempos de guerra a los ejércitos de la República del Uruguay, donde llegó a obtener el grado de oficial.

De momento no sabemos si militó en tropas leales al gobierno o en las revolucionarias que, si triunfantes, solían convertirse en gubernistas. Tampoco conocemos si decidió volverse a España, cansado no ya de verter sangre de toros, sino de hombres. Tal vez una consulta a los archivos adecuados arroje indicios, que en todo caso quedan para un próximo capítulo...

                                                                                                    
El gran Silverio Franconetti.
Foto: cortesía de Manuel Bohórquez.

FUENTE:
Biblioteca Nacional Montevideo
Firmas en ABC: 24-12-2005.
Os he traido este documento que tiene un valor histórico y curioso de la figura destacadísima del flamenco del siglo XIX, quien llevó a los escenarios de los Cafés Cantantes a el Flamenco, fue copropietario del Café del Burrero, en 1885 abría en Sevilla otro establecimiento que llevaba su nombre y en el que actuaron las principales figuras de la época. Su biografo más importante fue José Blas Vega, que tiene una obra magnifica "Silverio, rey de los Cantaores", editada por el Ayuntamiento de Córdoba en 1995, con motivo de la celebración del XIX Concurso Nacional de Flamenco.

Su mayor actividad artística como cantaor fue en Sevilla, Jerez y Cádiz, donde la Tacita de Plata lo proclama como "Rey de los Cantaores"...
       



Mari Carmen.