martes, 9 de agosto de 2022

LAS LOMBRICES

 


 

Cuatro lombrices: 

 

Son colocadas en cuatro tubos

De ensayo separadas:

1º  En cerveza 

2º En vino

3º En whisky

4º En Agua Natural


Al día siguiente, el profesor

Muestra los resultados:


La primera lombriz en  cerveza,

muerta,

La segunda en vino, muerta

La tercera en whisky, muerta

La cuarta en agua natural 

viva y saludable...


El profesor pregunta a la clase:


-¿Qué aprendemos de esta

experiencia?


Un niño responde:


-Que quien bebe cerveza, vino

y whisky, no tiene lombrices

😁

Aiinnssssss!

 

  Ginesfranconettihavuelto.blogspot.com

 He perdido los comentarios en este, pueden hacerlo en el enlace, con total libertad, os atenderé gustosa. Este blog lo mantengo activo, son muchos años...


Nota: estoy de vacaciones, ya lo avisé. Modifico las entradas en mis blogs, también los comentarios. A los que me comenten, aunque tarde un poco, contestaré a todos los que lo hagan y  agradecida...


 

sábado, 6 de agosto de 2022

EL HUMOR, NUESTRO MEJOR ALIADO

 





MATRIMONIO SIN PELEAS…DE POR VIDA

Una pareja fue entrevistada en un programa de televisión porque estaban casados desde hacía 40 años y nunca se habían peleado.

El periodista, lleno de curiosidad, pregunta al marido:
Pero ustedes, ¿ nunca han discutido ?
‘No’, respondió el marido
¿ Y cómo es eso ?

Bueno cuando nos casamos mi mujer tenía una yegua que apreciaba muchísimo, era lo que mas quería…
Era la criatura que ella más mimaba en la vida..
El día de nuestra boda fuimos de luna de miel en nuestro Carruaje tirado por la yegua.

En el camino hacia nuestro destino la yegua tropezó, mi mujer le dijo con voz firme a la yegua: ¡ VA UNA !
A mitad de nuestro destino la yegua tropezó de nuevo, mi mujer miró a la yegua y dijo: ¡ VAN DOS !

Al llegar a nuestro destino nuevamente la yegua se tropezó, y mi mujer bajó y le dijo: ¡ VAN TRES !, acto seguido sacó la pistola y le pegó cinco tiros a la yegua.

Yo totalmente sorprendido y molesto le recriminé: ¡ Loca , asesina !, ¿ por qué has matado a la yegua ?… ¡ Pero si tú la amabas..!

Mi mujer me miró fijamente y me dijo: ¡ VA UNA !

Y desde entonces NO HAY Problemas ENTRE NOSOTROS…





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lunes, 1 de agosto de 2022

CÁDIZ

 




HISTORIAS DE CÁDIZ

Pimpis y pupileros del muelle de Cádiz

  • El Congreso de los Diputados discutió sobre ‘el fenómeno de la pimpería ’ durante la guerra de Cuba l   Barracones en la Caleta para librar a los licenciados de los buscavidas

Muelle de Cádiz a finales desligo XIX

Muelle de Cádiz a finales desligo XIX ARCHIVO

 Comentarios 2

Buscavidas y golfillos han existido en todos los muelles del mundo.  En todos los lugares donde hay turistas y forasteros, siempre hay alguien dispuesto a sacar tajada de la ignorancia de la ciudad a la que llegan y  del desconocimiento de  sus usos y costumbres.  En Cádiz esos buscavidas fueron conocidos con el nombre de ‘pimpis’ y tuvieron especial relevancia con la guerra de Cuba y con la masiva llegada a nuestra ciudad de barcos repletos de soldados licenciados de la campaña en las Antillas.

En el último tercio del siglo XIX, con el recrudecimiento de la guerra de Cuba, el Gobierno decidió que la paga a los soldados se efectuara a su regreso a la península. Estos sueldos eran muy escasos, pero  la larga estancia en Ultramar hacía que los licenciados dispusieran de una curiosa cantidad a su llegada a Cádiz. Por si fuera poco, en  nuestra ciudad debían permanecer unos días hasta que se organizara la correspondiente expedición que los llevara  de regreso a sus pueblos de origen. 

Estos  jóvenes,  que en su  inmensa mayoría carecían de instrucción, caían fácilmente en las manos de los llamados ‘pimpis’, que le ofrecían toda clase de placeres y comodidades a cambio de unas pocas monedas. El resultado era siempre el mismo:   los pobres licenciados quedaban sin placeres, sin comodidades y sin dinero.

 El Ejército comenzó a tomar medidas y, en el viaje de regreso a la península, los soldados eran aleccionados de lo que podría ocurrir en Cádiz y que tuvieran mucho cuidado con sus dineros. El Ayuntamiento y el Gobernador Civil de la provincia también tomaron medidas y  en los ejemplares de Diario de Cádiz de aquellos años encontramos las instrucciones que se daban al Jefe de Vigilancia, llamado Seisdedos,  para que dejara el muelle  limpio de pimpis

Pero el fenómeno de la ‘pimpería’, como se le llamó por entonces, fue en aumento. El gobernador militar, Sabas Marín, ordenó en 1887 que los licenciados fueran llevados con escolta desde el muelle a unos grandes barracones situados entre la Caleta y el baluarte de los Mártires, (uno de ellos sirve actualmente como sede de una peña flamenca). Allí debían permanecer hasta su traslado, también con escolta, a la estación de ferrocarril y embarcados en el correspondiente convoy militar que los llevara hasta sus pueblos de procedencia. 

Esta medida provocó la lógica indignación del comercio gaditano, que  se veía privado de una posibilidad de negocios honrados con estos soldados. El alcalde, Manuel de Amusátegui, envió su protesta al Gobierno y el asunto  llegó al Congreso de los Diputados. Durante varios días nuestros diputados discutieron sobre los pimpis de Cádiz. 

Finalmente, el Gobierno dio la razón al alcalde y los licenciados pudieron moverse libremente por la ciudad hasta que subían al tren militar correspondiente.

Finalizada la guerra de Cuba y la masiva presencia en Cádiz de soldados licenciados, la existencia de pimpis en el muelle quedó reducida. Pero, poco después, al comenzar el siglo XX, el establecimientos de líneas marítimas con América hizo que renaciera el fenómeno de la ‘pimpería’, que llegaría a ser preocupante y que puso  en peligro al muelle de Cádiz como puerto de salida y destino de esos viajes trasatlánticos.

En efecto, las navieras advertían a sus pasajeros de la existencia de pimpis en el muelle gaditano, camuflados en ocasiones de legítimos ‘pupileros’, personas encargadas de ofrecer hospedaje a los turistas y forasteros. De nuevo en los ejemplares antiguos de Diario de Cádiz encontramos multitud de referencias a las medidas tomadas por la autoridad para impedir los abusos.

Un caso significativo ocurrió en  junio de 1910, cuando   fondeó en la bahía de Cádiz el hermoso trasatlántico Patricio de Satrústegui, de la Compañía de Trasatlántica, procedente de Argentina y Uruguay con cientos de pasajeros  a bordo.  Relata nuestro periódico que  una multitud de ‘pimpis y zagalones’ se dio cita en el muelle para sacar provecho de los turistas.  Hasta el patrón de uno de los botes encargados de trasladar a los pasajeros desde el barco al muelle se convirtió en ‘pimpi’, parando la embarcación a mitad de camino para exigir a los turistas más cantidad de la estipulada, amenazando  con lanzarlos al agua.

En esta ocasión fue la Comandancia de Marina la que tuvo que intervenir retirando la licencia a los boteros implicados y controlando las tarifas de traslado a los buques.

Pocos años más tarde, hacia 1915, la Sociedad de Turismo de Cádiz decidió colocar unas casetas en el muelle para descanso de los pasajeros de los distintos buques y con una información detallada y exhaustiva de los atractivos de la ciudad y de los precios de hoteles, pensiones, restaurantes, coches de caballos y todo lo que pudiera interesar a los que llegaban a Cádiz. Con ello se pretendía evitar que fueran estafados.

Poco a poco, las costumbres y la reglamentación de los trabajos a realizar en los muelles fue acabando con la llamada ‘pimpería’, pasando los últimos’ pimpis’ a ser unos personajes más bien simpáticos  por su peculiar manera de buscarse la vida, muy  alejada de esas connotaciones negativas y casi delictivas que tuvo en su origen. 

Muchos gaditanos recordarán también a los últimos pupileros, con sus gorras de plato anunciando el nombre del hotel o pensión correspondiente y siempre dispuestos a lograr un cliente y la  legítima comisión.  Una profesión absolutamente legal ya desaparecida y que compitió durante años con los pimpìs para lograr el favor de los turistas y forasteros.





Video elaborado con imágenes de la red por mi amigo: Antonio Sánchez Díez, gaditanísimo él...



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martes, 26 de julio de 2022

26 DE JULIO

 




En el santoral del día: San Joaquín y Santa Ana.

S. Joaquín nace en Séforis (Israel) y muere en Jerusalém. Según la tradición católica y ortodoxa, fue el padre de la Virgen María y marido de Sta Ana y por tanto, abuelo materno de Jesucristo. De S. Joaquín se sabe que sus padres fueron Matat y Estha. Santa Ana (conocida en hebreo y árabe como Hannah) está basado en los Evangelios apócrifos, , no admitidos por la Iglesia dentro de sus libros canónicos. Sta Ana nace en Belén (Palestina)  y muere en Nazaret (Israel). Descendía del rey David y de Leví. Es considerada patrona de diversas ciudades y países, así como de las mujeres trabajadoras y los mineros, pues de considera a Jesús el oro y María la plata.

Son Patronos de todos los abuelos, un día grande en muchos hogares hoy.

En el barrio de Triana en Sevilla es el gran día de su Velá, si pueden, no se la pierdan, os enamorará para siempre.

Brindo por los abuelos que me siguen y los que celebren hoy su onomásticas, chin chin...

¡VIVA TRIANA!

¡VIVA LOS TRIANEROS!

¡VIVA SEVILLA Y SUS TRADICIONES!

Cartel de nuestra Velá de Santiago y Santa Ana, 2022: "Los Colores de Triana," obra de Pablo Rosa  y su pregonera, Reyes Robledo.



Era jueves, 6 de mayo de 2021. Álvaro, 23 años en ese momento, no se concedía respiro. Estudiante de 5º de Medicina en Albacete tenía los exámenes finales a la vuelta de la esquina y pasaba los días encerrado en una biblioteca pública. Antes de volver a casa por la noche lo llamó su madre. «Me pidió que comprara la cena porque estaba la nevera vacía. Fui a un local de la calle Concepción que nos gusta. Casi al llegar había una trifulca entre chavales en la que participaba bastante gente. Pasé de largo, vi que eran más jóvenes que yo. No los conocía. Compré mi pocket de salmón y salí hacia casa, pero al pasar de nuevo me fijé en un chico sentado en una silla en la calle y me di cuenta de que dos de sus amigos estaban muy preocupados y sin saber qué hacer».

 

Álvaro Belmonte Lomas rememora para ABC aquella noche inolvidable de hace un año y pico. Acaba de salir de la academia en la que prepara el MIR con la exigencia y la entrega que implica. Lleva doce horas seguidas y, pese al cansancio, que se le nota, bucea para encontrar cada detalle de ese día que, involuntariamente, lo cambió: afianzó su vocación y lo encaminó a lo que quiere ser en la vida.

«Me acerqué y vi que le estaba brotando mucha sangre del cuello. La herida era enorme, tanto que le cogía casi todo el cuello aunque la más profunda estaba en la izquierda, a la altura de la yugular. No había nadie más, habían llamado a la Policía pero aún no había llegado; acababa de pasar. Como pude taponé presionando con la mano y con pañuelos. No recuerdo exactamente ni quién me los dio ni cómo. Todo pasó muy rápido y yo estaba concentrado en taponar como fuera. No creo que llegara a pensar en nada más, solo en presionar esa herida y cortar la hemorragia«.

Recuerda que el chico tirado ya en el suelo, casi inconsciente por la pérdida de sangre, le pedía con palabras apenas inteligibles que llamara a una ambulancia. A la cura o la salvación (como supo más tarde) improvisada se sumó un joven enfermero que estaba cerca. «Ambos tratamos de que no perdiera la consciencia, le preguntábamos cómo se llamaba, si sabía dónde estaba. Lo que más me marcó fue que solo susurraba: ambulancia, ambulancia».

«Cuando llegó la Policía pedimos gasas y vendas y sujetamos como pudimos hasta que acudió la UCI móvil». La ambulancia enfiló la calle con la urgencia de la vida que se escapa. Álvaro la siguió con la mirada, exhausto, cogió su mochila y la cena para la familia y regresó a su casa. Antes llamó a su madre. «Le dije: mamá, estoy lleno de sangre pero no te preocupes que no es mía. Yo nunca había estado en una pelea y no quería que se asustara al verme«.

Reitera –pese a que en breve ejercerá en un hospital como sueña– que jamás había visto tal cantidad de sangre en la calle, la camisa, los pantalones, el suelo. «Le habían cortado la yugular. Lo más parecido que había visto era alguna operación de tiroides», dice, ahora sí, con calma y sonríe al evocarlo.

«No te da tiempo a pensar, lo que quieres es que salga adelante pero teniendo poco material y pocos conocimientos solo puede salvar un cirujano vascular o un otorrino. Un profesor de Urgencias me reconoció que si el chico hubiera perdido más sangre no habría llegado vivo al quirófano».

La Fundación Policía Española lo galardonó con el premio a los Valores Humanos ABC

Otro habría corrido a pregonar su hazaña. Pero ese no es el carácter de Álvaro. «No quise contar nada a nadie. Se enteraron cuando salió la noticia en el periódico. Y quedó como una anécdota, importante, pero anécdota. Me agobió mucho la repercusión».

Aquella noche un hombre siguió viviendo gracias a él. Unos días después, el héroe que se resiste a serlo tuvo que ir a declarar a comisaría. Cuando terminó un agente le dijo que la víctima, que ya había salido de la UCI, y su familia estaban allí. Le preguntó si quería saludarlos.

«La madre se acercó a mí muy emocionada. 'Aunque haya Covid te tengo que dar un abrazo', me dijo. Fue un momento muy bonito pero yo estaba bastante nervioso». Supo entonces que el hombre al que salvó había ido a Albacete a pasar una noche de fiesta y se topó con la casi muerte. La novia de ese chico también estudia Medicina allí y se sumó a esa inevitable gratitud.

Su hazaña ha tenido dos consecuencias directas para este amante de los caballos, que tiene un hermano mellizo, futuro médico como Álvaro. «Después de todo esto me ha entrado el gusanillo de las Urgencias o las medicoquirúrgicas. Siempre me ha gustado implicarme».

La segunda consecuencia es que la Fundación Policía Española lo galardonó con el premio a los Valores Humanos, ideado para agentes que se exponen por auxiliar a los ciudadanos. Es el primer civil que lo recibe. «Aquella noche no tuve miedo pero sí supe lo que es la responsabilidad de tener una vida entre las manos».



¡Enhorabuena Álvaro! Eres todo un ejemplo de HUMANIDAD y para nuestra sana juventud.

Esta maravillosa noticia la he leído en el ABC de Sevilla, me hago eco de ella y la divulgo al mundo entero. Recibes mi aplauso. Felicitaciones y agradecimiento por tu gran gesto. Has salvado a un joven de una muerte cierta, asistido después por el Equipo de Urgencias con sus meritorios esfuerzos y prontitud.














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