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domingo, 23 de mayo de 2010

HISTORIA DE LA FERIA DE SEVILLA

Autor: Gustavo Bacarisa, para la Expo del 29.
Autor: J. García Ramos, pintor costumbrista finales del s. XIX. 1º cartel oficial de la Feria de Abril de Sevilla, ganado en un concurso.







Con la creación de las ciudades, comienzan los negocios y mercaderías de todo tipo. Lo formaban una reunión de comerciantes-tratantes, y en las ciudades más preparadas por su riqueza o situación estratégicas se organizaban las ferias. Con el tiempo se fijaron fechas de celebraciones, siendo por costumbre de una semana de duración, se organizaron para evitar coincidencias y así poder ir de un mercado a otro los vendedores-tratantes: tomando como inicio "la llegada del buen tiempo".




La ganadera de Mairena del Alcor, (que es la más antigua de Andalucía), desde 1441, y la primera en celebrarse, una semana antes que la de la capital, Sevilla.




Se tienen datos que una de las primeras ferias documentalmente conocida es la de Valladolid de 1152, creada por Alfonso VII, así como unas cuantas más iniciadas en ese siglo, (Sahagún, Palencia, Madrid, Cuenca, Cáceres, etc).




Alfonso X el "Sabio" constituye en Sevilla, dos ferias al año, (abril y septiembre), con una duración de 30 días.




Otro mercado o feria data en Sevilla en tiempos de Fernando III el Santo, semanal, los jueves, por las mañanas, en la calle que dió origen al mercado, calle Feria. En la actualidad es el más antiguo de Sevilla.




Los orígenes de la Feria de Abril de Sevilla datan de el 25 de agosto de 1846 cuando Narciso Bonaplata (catalán) y José María Ibarra (vasco) redactaron una propuesta que llevaron al Cabildo Municipal pidiendo que le autorizaran durante los días 19, 20 y 21 de abril. Permiso que les fue concedido después de unos "tiras y aflojas" con el alcalde, Conde de Montelirio, anualmente.




La primera feria ganadera se ubicó en el Prado de S. Sebastián, en aquellos tiempos este espacio se encontraba en las afueras de la ciudad, cerca de la Fábrica de Tabacos, (hoy Universidad). Anterior a todo esto , eran terrenos que estaban abandonados y donde nadie quería edificar por ser el lugar más lúgubre de Sevilla, dado que que había en él dos cementerios, El de S. Sebastián y el de Los Pobres, y además donde había estado el Quemadero de los reos de la "Santa" Inquisición, de tristísimos recuerdos, y donde habían perecido cientos de sevillanos, eran quemados vivos.




Al principio el público se resistió a acudir a tan tétrico lugar, pero pronto fue un éxito. Los chalanes vendedores y corredores de ganado, para protegerse del sol hicieron emplazar tiendas de campañas. Estas "tiendas", pasado los años vinieron a llamarse "casetas".




La curiosidad empujó a acudir a la Feria a numerosas damas sevillanas de alto rango con sus coches de caballos, (este es el origen del famoso "Paseo de Caballos"). Lo que se había iniciado como un simple mercado ganadero, pasó a convertirse en una distracción, y en un punto de cita, pasando las "casetas" al rango de lugar para invitar a las amistades, para bailar y lugar de encuentros familiares, aunque evolucionado, se mantienen los origenes.




La concurrencia de forasteros el primer año no bajó de 25.000 personas que dejaron en Sevilla 400.000 duros, cifra fabulosa para aquella época.




El primer año solamente hubo una caseta de bebidas y repostería, pero ante la necesidad evidente se autorizaron puestecillos de buñuelos, dulces y refrescos panes y embutidos, instalados al aire libre, en lo que ahora son Jardines de Catalina de Ribera. El Prado propiamente dicho, era el espacio destinado al ganado, y había dos largos abrevaderos frente al foso de la Fábrica de Tabacos, donde ahora está la estatua del Cid, en que pudieran beber los miles de caballerías que habían traído los feriantes.
Con el tiempo, se añadió las corridas de toros en La Real Maestranza, en la lidian las primeras figuras del toreo, tanto a pie como a caballo. Tiene fama internacional. Son días en que la actividad comercial se activa, produciendo notables y diversos beneficios económicos y de promoción para Sevilla.                                    
Calle del Infierno: se trata de la zona dedicada, desde hace muchos años, al parque de atracciones y se denomina así porque para muchos resulta infernal el ruido y bullicio que allí se registra, con todo tipo atracciones, desde los tradicionales "cacharritos", montañas rusas," caballitos," puestos de algodón dulce cucherías, tómbolas, etc, en las proximidades, se instalan los diversos circos.




Comienza a producirse por esta época una gran calamidad en la vida sevillana: el Ayuntamiento con afán de excesivas novedades emprendeen el año 1862 la destrucción de las murallas y puertas de la ciudad. Conviene salvar la memoria del ilustre munícipe D. Fco de Borja Palomo, quien mantuvo con energía con razones, con amor y sensibilidad, la defensa de aquellos monumentos. D. Francisco sostenía la ideade que las murallas constituían no solo un exorno hermosísimo, reliquia de una arquitectura antigua y evocación de pasadas grandezas históricas, sino al mismo tiempo la mejor defensa contra las inundaciones que periódicamente azotaban a la ciudad.




Sin pertenecer al Ayuntamiento, pero también con semejantes razones, se batalló en los periódicos en pro de la conservación de las murallas D. Manuel Benavides y López, piloto de la Marina Mercante, agrimensor y profesor de dibujo.




Fueron las primeras puertas que se derribaron las de la Carne en 1864, y la de Jerez, la del Carbón en 1865, la del Arenal, la Puerta Real, la de S. Juan y la de la Barqueta, salvándose por el momento la Puerta de Triana, la de S. Fernando, El Postigo del Aceite, la Puerta Carmona, la de Osario, la del Sol y la de la Macarena.




La destrucción de las murallas y puertas dio lugar al ensache del casco urbano uniéndose con los barrios de extramuros. Hubiera sido un indudable y valiosísimo acierto conservar como ciudad histórica los barrios de intramuros y haber hecho el ensache en la pendiente que va desde la Calzada hasta Torreblanca y el actual aeropuerto con lo que hubiese habido una ciudad nueva y otra vieja, sin que la parte moderna se hiciese a costa de destruir la antigua que hoy sería atractivo de extraordinario valor, como ocurre en aquellas pocas ciudades que han sabido, y sobre todo, querido conservar su contorno de murallas: Ávila y Ciudad Rodrigo en España y Carcassonne en Francia. (En la década de los 60, también hubo numerosas atrocidades semejantes, propias de la carencia de sensibilidad, ética y todos los valores positivos del género humano, Moreno Morube salvó lo que pudo de los impresentables munícipes de la época).




Por aquellos tiempos , se construyó el magnifico puente que enlaza con Triana al que se le dio el nombre de Isabel II, que reinaba en España por aquel entonces. Conocido vox populis: "El Puente de Triana". (Siglo XIX).


En 1890 es editado el primer cartel oficial anunciador de la Feria.




Desde sus orígenes, estuvo ubicada en el Prado de S. Sebastián, aquella zona era conocida por los sevillanos como La Pasarela, que se edificó en 1896-1920, era un magnifico edificio de hierro y grande, que se usaba para pasar de un lado a otro, con seguridad para los peatones. El primer año que se puso "portada" La Pasarela fue la primera. Hasta que en el año 1973 fue necesario hacer una reubicación de las casetas, por tener que ampliarse y se trasladó a la zona del barrio de Los Remedios. Sus calles tienen nombres de grandes toreros...y de casetas una" jartá"  
                                    
                                    


Actualmente existen casetas de entradas libres distribuídas por todas las calles de Ferial, todas las de distritos, que pone el Ayto, más las de los diversos partidos políticos, y otras cuantas más, que vienen explicadas en los "programas", también pueden facilitar la información en la Caseta de Información o a los numerosos agentes que hay por el recinto. Es incierto que "no dejan entrar en las casetas", que acusa un "tufillo caínita".  El resto son privadas, eso sí.







BIBLIOGRAFÍA:




Internet.




Historia de Sevilla ,




D. José Mª de Mena: historiador, escritor y académico.






















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