lunes, 28 de julio de 2014

CÁDIZ: QUERIDOS RECUERDOS

(Antigua calle de La Verónica, siglo XIX).

                     

 

                                                
                                    
                                                                                                       



(Actual nombre de la calle desde principios del siglo XX).
Diario de Cádiz, 1980.
                                                                                    
Foto: http://estoespasionporcadiz.blogspot.com




 Cuando mi familia compró la casa en Cádiz, allá por los principios del siglo XIX, todavía teníamos mucho comercio con las últimas colonias. Era de  tres plantas, en la calle José del Toro, 24, (antigua calle de la Verónica), colindante con la calle Rosario. Teníamos cierros y balcones, una amplísima azotea, lugar de especial preferencia por el encanto y serenidad que me 
reportaba. Un lavadero rectángular con dos lebrillos de barro y resfregadores de madera, algo gastados por el uso comprados en el popular Baratillo gaditano hace...¡Uf! (Cuando desembarcaron los fenicios en La Caleta, más o menos).                 
Jóvenes subidos al poyete en la azotea.

Las azoteas gaditanas son parecidas a las sevillanas , en tiempos pretéritos,  los "poyetes", son una especie de "muritos" bajos y anchos en que se dividen los tramos de la azotea. Teníamos numerosas variedad de macetas colgadas, preciosas. Mi madre, solía usarlos para "soleá" las ropas, poniendo piedras en las esquinas de las prendas para "blanquearlas" y la levantera no se las llevara y no usar la lejía, (ya estaba inventada la ecología).

Allí teníamos hamacas, búcaro, (botijo en finolis), mesita, etc. donde nos gustaba pasar buenos ratos . Las escaleras de acceso eran de madera, y yo de chica las fregaba todas las semanas con estropajos y jabón verde, el de toda la vida y olía a limpio.   
Azotea en el barrio de La Viña. Cúpulas de la Catedral al fondo.

En la 2ª planta, las habitaciones eran amplias, de techos altos con vigas de madera gruesas, 5 dormitorios, cocina enorme, pasillo que daba a una gran terraza interior con muchas macetas que ofrecían una deliciosa aroma al pasar por allí, un amplio comedor y baño, (con tina), después se puso de las "modernas" que conocemos hoy.           
http//estoespasiónporcadiz.blogspot.com
Detalles de la fachada: puerta de las accesorias, vivienda, balcones y cierros.                        

En la 1ª planta, era espectácular, 4 dormitorios y una salita de estar, gran comedor y baño, más un aseo aparte en la cocina. Tenía una galería acristalada que daba a el patio principal. Las escaleras eran de mármol gris, amplias, con baranda de ébano y eran muy cómodas de subir, (no tenían los peldaños "empinados"), el techo de un artesondo bellísimo.

Ahora os contaré cómo era el patio. Por aquellas calendas, al comprar mi antepasado la casa para casarse, el patio tenía diversas puertas, eran accesorias, (especie de almacén para las mercancias, por lo general), ya que debido al comercio de ultramar, allí se depositaban. No eran como los Patios Sevillanos, en aquél entonces. Pero al instalarse mi familia en la casa, modificaron ese uso y lo transformaron en un patio precioso: con dos aljibes de mármol blanco y tapadera gruesa de madera pintadas de color verde, con carruchas, (para sacar agua). La cancela de hierro forjado, muy artísticamente elaborada, con abridor de brillantísimo bronce. Pusieron unos enormes cálices de cerámica trianera y en ellos pilistras, jazmín, gitanillas y una gran palmera en el centro, también un alto zócalo de arte trianero. Con asientos cómodos, mecedoras de rejillas y un gran sofá, una mesita para cuando tomábamos café con Pan de Cádiz, una delicia, 2 columnas por las que mi hermano y yo marineabamos cuando chicos, la cancela desembocaba en en una amplia casapuerta, (zanguán en Sevilla). Las puertas de la calle, grandes y pesadas de madera y con un enorme cerrojo para seguridad nocturna.                       
Carmen Pecci: "La Guapa"
                                                

                      



Su Quiosko; fundado en 1933, hasta 1973.
Al estar en pleno centro de la ciudad, todo está a mano, Cádiz tiene ese encanto, entre otros muchos. Recuerdo que iba con mi madre a la "plasa",(Mercado de Abastos en finolis), por cierto, que se conserva toda la fachada original, que yo alabo la decisición. Desayunábamos los riquísimos tejeringos, (calentitos en Sevilla), de "La Guapa", que ya conocí mayor , pero activa y muy agradable en el trato, con la chispa gaditana que caracteriza a la buena gente de allí. El apelativo, no es casual. En su juventud ganó un concurso de mantones de Manila, celebrado en el Cortijo de los Rosales, (1945), por su belleza y de ahí el mote adecuado. Fue la reina de la masa frita, en sus tres versiones: churros o tejeringos de rueda o papa y en tortillitas de camarones, aquella -"Espuma de mar frita"- que le dijo Pemán. También recuerdo a los vendedores de caballas caleteras que iban con la tarima con asas, pregonando la mercancia por las calles con 
Vendedores en el barrio del Pópulo.
  chaqueta o blusa blanca, con gorro frecuentemente. Raro era el día que no paraban en mi casa. Mi madre las preparaba asadas con la sabrosísima "piriñaca", guarnición gaditana por antonomasia. Frecuentemente ibamos a los cines de verano, que eran numerosos. Las playas eran lugares preferidos por nosotros, la de La Caleta, cuando niños. La de La Victoria de jovencita y de casada, teníamos un apartemento en la Avda de Almírcar Barca, (Edificio Brasil),con balcones a primera linea de playa, una gozada, créanme.

Son vivencias que jamás olvidaré, intensas y plenas de buenos recuerdos. Mi cariño por Cádiz no sorprenderá al seguidor habitual...Y llevo a gala al deciros que es mi segunda Patria Chica por sentimiento, la primera es Sevilla...

Anda, no, ni ná...
La casa familiar tuvimos que venderla por el enorme costo que resultaba en seguir manteniendola, con profundo dolor de mi corazón. Pero me dejó llena de recuerdos entrañables y el disfrute de un tipo de vida que no todos tienen la alegría y fortuna de haber conocido en unas de las ciudades más bonitas y con más historia de nuestro país... 

Mari Carmen.                                   
Foto: http://estoespasionporcadiz.blogspot.com

                                                                                                         
Foto: http://estoespasionporcadiz.blogspot.com




 Por último, una breve reseña de la memoria de mi calle:

José del Toro y Quartillers, político, de ilustre familia gaditana, (1815-1891). Del Toro, militó en el Partido Liberal. Fue concejal del Ayuntamiento gaditano en diversas ocasiones y fue elegido alcalde tras el fallecimiento de Juan Valverde. Su gestión en el Ayuntamiento fue destacada y beneficiosa para Cádiz:
Creó el Asilo de la Infancia, recuperó la Fábrica de Tabacos, la construcción del edificio de la calle Plocia y también fueron meritorias sus gestiones para que Cádiz contase con la Facultad de Farmacia.
Fue nombrado Senador del Reino, pero no llegó a ejercer como tal, por fallecimiento. Murió en la calle de La Verónica, (hoy José del Toro a su memoria), de su ciudad natal.

FUENTE:


Cadizpedia.com



 









 






Desde mi Barrio: LOS BARROS Y TRIANA

Desde mi Barrio: LOS BARROS Y TRIANA



A los que amen y les guste la Historia, Cultura y Arte de Sevilla, donde tiene el barrio de Triana un destacado referente. Joya creada por mi amigo: Santiago Martín Moreno, cuyo blog es la repera...



 

domingo, 27 de julio de 2014

¿SABÍAS QUE... EL ORIGEN DE LA CUCAÑA,

Nuestra entrañable y popular Cucaña de Triana.









¿SABÍAS QUE...

 La Cucaña no surgió con motivo de la Velá?

Desde 1504 hasta 1713 el reino de Nápoles fue parte del Reino de España, siendo costumbre muy popular su celebración en las fiestas durante los siglos XVI y XVII.

En las plazas se configuraba una montaña artificial simulando el Vesubio. De su cráter emergían suculentos manjares, tratando los asistentes coronar la montaña artificial con el fin de apoderarse de ellos. Pasando el tiempo la montaña se sustituyó por un palo por el que marineaban hasta llegar a lo más alto con el fin de coger los alimentos allí colgados.

Esta costumbre popular se extendió por todos los Reinos de España, estableciéndose la costumbre de llevarla a cabo en todas las fiestas que se celebraban.

Pero la Cucaña llega a la Velá de Santa Ana de forma diferente. Debido al nacimiento de la Infanta Cristina d Orleáns, que nació en el Palacio de S. Telmo en noviembre de 1852, hija de los Duques de Montpensier, justo nueve meses después de de la inaguración de Puente de Triana, se celebraron en su honor grandes fiestas. Fue entonces cuando apareció en el río, delante del Palacio, una Cucaña tal como la conocemos hoy en día.

Cincuenta años más tarde del traslado de la Velá a la orilla del río, aparece la Cucaña que ha perdurado hasta nuestros días.

El origen de la Cucaña no fue motivado por la Velá, sino por el nacimiento de la Infanta Cristina...


 
La Cucaña, 1929.








Basado en el artículo de Fco Jiménez Verdugo.

www.eldiariodetriana.es

Seguidores: les sugiero una visita a ésta magnifica página web, creo que les interesarán. 


COMPLETANDO:


En la Edad de Oro; en los barcos que venían de las Indias y anclaban en Triana, disfrutaban de algo parecido:

Al principio se hacia con un doblón de oro, que se colocaba en la punta de dos mastiles, existen grabados donde tanto en la proa como en la popa, se disputaba dicho metal convertido en moneda...                                                                                  

  
Agradecimiento a Paco Soler, alma mater de:

http://balcontrianero.blogspot.com

Cuyo blog les recomiendo a todos vosotros.


sábado, 26 de julio de 2014

ACCIDENTE EN GALICIA





A LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS Y SUS FAMILIAS                                                                  
                                               


Amaneció un día festivo

Y con las galas dispuestas

Se podía elegir

Marchar o quedarse quieta

Y elegiste lo primero

Y tú soñabas despierta

Con gozar con tus amigos

Con disfrutar con la fiesta

Y junto a ellos partiste

Cantando vuestra alegría

Dejando un rastro al pasar

De juventud y de vida

¿Quién podría imaginar

Cuando el día acabaría?

¿Quién se atreviera a pensar

Cuando el reloj pararía?

¿Quién sospechó tan siquiera

“qué” las voces callaría ¿

Y vuestras flores tronchadas

Y vuestras risas perdidas

Y un silencio de sepulcro

Que fue quien cerró ese día

El cielo se ha oscurecido

Y una pregunta en el aire

Que nadie le da respuesta

Un por qué, se lleva el viento

Pero el viento no se lleva

Este profundo dolor

Que hoy inunda la tierra


Concha mingorance



martes, 22 de julio de 2014

RECUPERANDO LA MEMORIA DE SEVILLA: "EL 95", X




Comercios Sevillanos que hicieron Historia:






"EL 95":

Todo a menos de una peseta, hasta que llegó la Guerra Incivil...

La moda hizo que de pronto media España se llenara de tiendas de precio fijo, en las que todo valía lo mismo. Y así nació en Sevilla "El 95", un bazar de dimenciones reducidas en el que compraban las cigarreras poco a poco sus ajuares. Después de la guerra, y desaparecido ya el precio único, el juguete fue ganando terreno y la tienda siguió conservando su primitiva denominación. El fundador, Manuel Barreiro Díaz, vendía con anterioridad muñecos de cartón y artículos de diversión en la calle S. Pedro Mártir, por la que pasaban las carabanas del paseo de vehículos de La Palmera, en Carnaval.

Maquinillas de afeitar, cubiertos de alpaca, perfumadores franceses, peines alemanes de goma, tazones y platos de desayunos, pizarras con su pizarrín, carteras de colegios, plumiers sencillos y de "dos pisos", (¿se acordáis, seguidores de 50 años arriba?), trenes eléctricos,  vasos plegables con su tapadera para el "cole" , jaulas de grillos..,

Todo a 95 céntimos. Barreiro cambió un buen día su comercio de la postal por el muñeco de cartón. En sus viajes de Despeñaperros para arriba vendiendo los muñecos se encontró una vez con la insistencia de un comerciente zaragozano que tenía una tienda de "El 95", instándole a que pusiera en Sevilla un negocio similar. Eso sí, para que esta empresa tuviera éxito era condición imprescindible, según el zaragozano, ubicarlo en una calle de paso camino de algún mercado. Tras pensarlo-Manuel Barreiro- entendía que en cierto modo se daba un paso atrás-,nuestro hombre alquiló el mismo local de la calle Puente y Pellón, (arteria comercial durante muchísimos años), donde estuvo "El 95", y compró género al zaragozano. El mercado de La Encarnación estaba muy cerca. El 25 de oct. de 1926, a las siete de la tarde, un grupo de amigos se reunía en el establecimiento para celebrar su apertura. En cinco días ya se habían hecho mil trescientas pesetas, y otras seis mil quinientas ochenta y cinco al mes siguiente, según los datos de contabilidad.                                                           


Claro que esa venta no es nada si la comparamos con los seis millones trescientas veinticinco mil setecientas pesetas, en diciembre de 1980.

Barreiro aseguraba que "no es un trabajo pesado, sino alegre, el vender juguetes".

De los tiempos iniciales, este hombre cordial que ha suministrado jugutes a varias generaciones de sevillanos recuerda a las cigarreras, que los sábados iban a comprar unas copas talladas de base negra y otros artículos para el ajuar. El resto del comercio sevillano no comprendía cómo "El 95" era rentable. Barreiro lo explicaba: "por la compra de grandes partidas, con modestos beneficios". Su padre había paseado por la geogradía española remedos de futbolistas, toreros, guardias payeses y había tenido entre sus clientes a D. Aníbal González y al Ateneo desde que éste inició sus cabalgatas. Con el tiempo, "El 95", "-sin darnos cuenta-", fue pasando a dedicarse exclusivamente al juguete. Manuel Barreiro, acudía todos los años a la feria de Valencia, y progresivamente fue floreciendo una tupida red de tiendas y almacenes: en la calle Santiago, en Imagen, en el Polígono Store...La pequeña pantalla fue barriendo.

"Garbancito" y las colas de Navidad

En los últimos años de la década de los cincuenta todo empezó a ir muy bien. Pero antes, cuando la guerra, Barreiro tuvo que encargar un inquilino del Corral del Conde la elaboración de tacos de madera para hacer juegos de arquitecturas y él mismo le robaba horas al sueño cortando panel con la segueta para portales de Navidad. Un día se le ocurrió dar forma tangible al "Garbancito"del que hablaba Tito Fernández en la radio, (¡Aquellos estupendos cuentos radiogónicos!). Él mismo dibujó un "tonto del circo" que aquel artesano del Corral del Conde transformaría en un personaje popular, colocándose en los cubiletes para los lápices. Por ingenuo que parezca, aquello sirvió para animar las ventas, porque "con la guerra la casa se había quedado vacía.                                            



"El 95" ha servido jugutes durante muchos años al Ateneo, la Compañía Sevillana de Electricidad, a la Pirotecnia, la Cruz del Campo, a Tussam, Diputación...En Semana Santa se hacían capirotes, pero cuando "El 95" protagonizó días decembrinos de febril actividad, con colas en la calle. Días en que quien por fin lograba llegar al mostrador y hacer su compra se veían imposibilitandos de dar media vuelta y salir a la calle. Allí compraba la colonia alemana los Árboles de Navidad y sus adornos, cuando para nosotros esta tradición  era algo extraño ¡Qué tiempos aquellos!

El Scalextric, el coche dirigido, el monopoli, la Nancy, sí, -esas que se dirigen al Portal,- los tentetiesos, todo un universo de mágicas ilusiones irrepetibles conforman la aportación histórica de "El 95", referente de las jugueterías sevillanas.

Hoy es la mirada atrás con nostalgia. Una misma emoción que unen a generaciones en la Noche de la Ilusión...




"Comercios Sevillanos que Hacen Historia"

Ángel Pérez Guerra

Ed Castillejo. 


viernes, 18 de julio de 2014

REFLEXIONES: TAL COMO SOMOS Y APRENDEMOS





Resulta estimulante y hace ilusión ver cómo a través del tiempo contamos, incluso ampliamos seguidores, oficiales y oficiosos. Poner en circulación nuestros mensajes y comprobar que gente del todo el mundo las lee ¡Por su propia y libre voluntad!

Veo con tristeza y preocupación  la insufrible realidad que nos atenaza. La sociedad se degenera. La desesperación se acrecienta en muchísimas familias que ven indignadas el calvario que padecen desde hace ya demasiado tiempo, y lo que es peor, lo que aún nos queda, y esta conclusión está en la calle y en todas partes, menos en los "dirigentes" políticos actuales.

Mentiras, abusos, indefensión, explotación es lo que se oye todos los días, la sensación es tremenda. 

Abunda la falta de lógica, ética, respeto al ser humano, la incompetencia en altos cargos, los ladrones se multiplican en todas las esferas sociales y de todos los colores, el poder corrompe, pero nadie se puede comprar si no  se vende, esto está muy claro...

Pero aún ocurren cosas verdaderamente espectaculares; un bello amanecer en la playa de La Caleta de Cádiz,  formas, colores y movimientos con la mar de un azul intenso. Puestas de sol en La Alhambra de Granada, increíbles. El regreso a la playa de las barquitas  de Huelva, amaneciendo, cargaditas de capturas entre las espumas de encajes de las olas. En Sevilla, el hermoso amanecer en el bellísimo Puente de Triana, y junto a él, el barrio trianero, cuna de grandes artistas, y que en los próximos días podremos disfrutar de la más destacada Velá de Sevilla, la tradicional y divertida Cucaña, ¡Y el tablao del Altozano!                    
Nuestra tradicional y entrañable Cucaña, en los días grandes de Triana.

Cualquier rincón de: Córdoba, Málaga, Almería y Jaén... Son deleites tan sublimes que deberíamos terminar todos los días aplaudiendo de pie, pidiendo que se repitan todos los días el poder admirarlos.                   



Aprendo despacito parte de lo que hay que aprender, almaceno conocimientos y recuerdos. Y aprendo que la mortalidad es el elemento fundamental de la vida; aprendo qué pronto envejecen los jóvenes, cuán breve es un momento para la eternidad. Es triste pensar que no me alcanzará el tiempo para todo lo que tengo proyectado. Pero también veo algo alentador en la comprensión de que la muerte es el modo en que Dios nos hace saber que no hemos  sido llamados a salvar solos el mundo, a mantener las estrellas en lo alto del firmamento y hacer girar este viejo globo. A los que estamos destinados es, a mi criterio, a ocupar una posición pequeña y temporal, iluminar brevemente un momentito y luego desaparecer. Yo me siento bien con eso, con ser una vocecilla que ladra  igual que un perrillo en el confín de una pradera, en el hemiferio norte de nuestro planeta. Sólo una de muchas voces; ni la más sabia, ni la mejor, pero que es la mía, y tan buena como yo pueda hacerla para vosotros...


Os dejo una cita célebre para meditar:

-"No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que me preocupa es el silencio de los buenos-"

Martin Luther King.


lunes, 14 de julio de 2014

El Flamenco y la poesía como yo los siento: MI CIUDAD NO TIENE NOMBRE

El Flamenco y la poesía como yo los siento: MI CIUDAD NO TIENE NOMBRE: Mi ciudad no tiene nombre, dicen hasta que es mentira, que un sueño jamás convive con el sitio que se habita, que no atienden lo...







  Para los que llevan a Sevilla en su corazón y memoria!¡No se lo pierdan, seguidores, verán el porqué os lo digo!

jueves, 10 de julio de 2014

ROMANCE DEL PUENTE DE TRIANA


...Y como dice mi amigo, Santiago, El autor, Esto es para todos, especialmente a los que llevan Triana en su corazón, como es mi caso. ¡¡¡GRACIAS POR COMPARTIR ESTA JOYA!!! Mari Carmen.

LOS NIÑOS DEL CATÓN

lunes, 7 de julio de 2014

CAFÉS CANTANTES, V








La Venta de los Gatos

Desde la Puerta de la Macarena hasta el Monasterio de San Jerónimo, hoy llamada Avenida Sánchez Pizjuán, existió desde el siglo XVIII una famosa venta llamada "Venta de los Gatos", próxima a la orilla del río Guadalquivir. Era un lugar frecuentado por la vecindad sevillana en las tardes de los días de fiesta para merendar y para que los mocitos jugaran por aquella pradera, o se cantaba y se bailaba. Gustavo Adolfo Béquer, célebre poeta del Romanticismo, estuvo en esa venta por el año 1854, y cuenta que admirado por la belleza de una joven que estaba cantando en un animado grupo, sacó su cuaderno y su lápiz e hizo un pequeño retrato del rostro de aquella moza, regalandolo después al novio de ésta...


Supo que la muchacha se llamaba Amparo y que habiendo sido abandonada cuando era un bebé, fue recogida por el dueño de la Venta, padre del muchacho, y que al hacerse mayores se enamoraron y pensaban casarse próximamente.



Gustavo Adolfo Béquer se marchó a Madrid durante varios años, y regresó a Sevilla con el deseo de pasar una tarde campestre en la Venta de Los Gatos. Pero durante su ausencia las cosas habían cambiado, aquel largo prado que se extendía por la Macarena y hasta San Jerónimo había dejado de ser lugar de recreo para convertirse en el fúnebre recinto de los muertos, púes se había construido allí el Cementerio de San Fernando.


La Venta de los Gatos había perdido su bulliciosa concurrencia, al regreso de los entierros se detenían allí los cocheros fúnebres y los cortejos de acompañantes tristes y llorosos para reponerse del mal trance. Béquer entró en la Venta y preguntó al dueño por aquella muchacha que había retratado años atrás y por su novio, de quién el poeta se hizo amigo poco antes de partir a Madrid. El ventero le contó la triste y romántica historia de aquel amor:



Pensando ya en casarse, Amparo y su novio estaban un día en la Venta cuando aparecieron dos señores que se interesaron por la muchacha, preguntando por su edad, fecha de nacimiento y fecha en que fue recogida. Aquellos dos señores se dieron a conocer , la niña había nacido fruto de los amores clandestinos de cierta Dama sevillana, la cuál, a pesar de abandonar a su hija había seguido vigilándola todos aquellos años, y ahora al cambiar sus circunstancias reclamaba a su hija para tenerla consigo. 



La oposición del ventero no impidió que los tribunales devolvieran a Amparo a su madre. Lo peor era que la madre no quería que Amparo se casase con aquel muchacho humilde por lo que no le permitió ningún tipo de comunicación con su novio ni con sus padres adoptivos, pensando que así le olvidaría. Debido a esto Amparo fue perdiendo su alegría y su salud, pues le habían quitado su vida alegre y sencilla. Así enfermó de tuberculosis mientras que su novio lleno de tristeza había perdido el interés por la diversión, sólo salía a pasear por el cementerio abismado en melancólicos pensamientos.




Un día, presenciando un entierro, al efectuarse la ceremonia, abrieron el ataúd para que los familiares del difunto se pudieran despedir por última vez, el muchacho se acercó y vio con inmenso dolor que el cuerpo de aquel ataúd era el de su amor, Amparo. El muchacho dio un grito y cayó al suelo de un desmayo y cuando se despertó había perdido la razón. Su padre, el ventero, no consintió en llevarlo al manicomio, pero preparó una habitación en la Venta y allí fue recluido. 



Se había convertido en un loco pacífico con la única obsesión de su amor desgraciado, pasaba los días llorando o cantando alguna canción cuyo argumento era siempre el mismo, recordar a su amor Amparo.




























http://sevillamisteriosyleyendas.blogspot.com





miércoles, 2 de julio de 2014

SEVILLA A TRAVÉS DE LA HISTORIA


A todos los seguidores que les gusten compartir las curiosidades y la Historia de nuestra Sevilla. Os ofrezco un valioso documento histórico que he encontrado y a muchos les harán sonreír y evocar pasajes de su pasado, cargado de añoranzas y vivencias intensas. Muchos lo habrán conocido, otros sólo parcialmente y los que cumplieron los 40 hacia abajo, les resultarán un referente de una época que estas imágenes les ayudarán a un mejor entendimiento de aquellos tiempos.
Disfruten.

Mari Carmen.





 
Habéis visto:

* Alumnos del colegio de Los Escolapios del curso, 55-56-
¿Conocéis algunos?

* La Feria de Abril de Sevilla, con muchachas vestidas con volantes de la época.


* La riada del año 61, mes de noviembre, que causó el Tamarguillo, se ve la Alameda y unos muchachos. Una tragedia que los sevillanos de entonces no olvidamos. Mi cuñado, ( aquí no sale), fue rescatado en un elicóptero de la Marina, se encontraba gravemente enfermo...

* Las catenerias de entonces que los sevillanos llamabamos "Postes", con distancias sustanciales de unas a otras, que servían para los cables de los entrañables tranvías sevillanos cuya utilidad y eficacia eran: propiamente sostén de los cables eléctricos, refugio de peatones al cruzar la calzada de una acera a otra cuando el tráfico se lo permitiera con seguridad, (piensen que entonces no había semáforos, pasos de cebras)
También se usaba como "farolas", etc. (Nada que ver con el adefesio que nos pusieron hace poco en la Avenida, zona de extraordinario interés monumental)...

* Reuniones de aquellos Corrales de Vecinos que llegaron a ser muy numerosos por los barrios sevillanos, entre los que destacan: Triana, S. Bernardo, La Macarena, incluidos los ubicados por el centro...

* ¿Y los guateques? La juventud solía divertirse sanamente y sin emborracharse, en las azoteas o patios de, (según la estación del año), algunos de nuestros amigos, mi hermano, solía venir también...

* ¿Quién no tiene una foto en el Parque, con la palomas, y el Cochecito Lerén, siendo niño/a?

Amistosamente.

Mari Carmen.




sábado, 28 de junio de 2014

ANA MARÍA MATUTE: MUJERES EN LA HISTORIA


La joven Ana María Matute.



Este blog manifiesta un sentido y merecido homenaje para nuestra estimada y admirada , Ana María Matute. Fallecida hace pocos días. Fecunda y destacada escritora española que tantas aventuras y fantasías nos hizo vivir. Prestigiosos galardones concedidos, miembro de la Real Academia Española de la Lengua, ocupando el sillón vacante que dejó Carmen Conde, el K mayúscula. Numerosos premios, entre los que destacan el Nadal, el Planeta y otros. El Cervantes, tan sólo hace tres años, apenas pudo disfrutar de él. Merecía haber sido premiada con él hace décadas.

Seguidamente os ofrezco el discurso con el que recibió el más destacado y prestigioso de nuestros premios, el  Cervantes,  que la define como a una enorme fantástica creadora, ingeniosa y brillante escritora.

Nos regaló un magnifico legado del que generaciones venideras podrán disfrutar y enriquecerse. 

Al terminar su brillante discurso dijo esto que bien parece su epitafio:

-" San Juan dijo: "El que no ama está muerto" y yo me atrevo a decir: -"El que no inventa no vive"-.
 

Mari Carmen.                                                                                     


Majestades, Autoridades:
Sospecho que no soy la primera en decir que nunca, durante la larga travesía de mi vida (salpicada, por cierto, de abundantes tempestades), imaginé que llegara a conocer un día como éste. Y, junto a la inmensa alegría que me invade, debo confesarles que preferiría escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que pronunciar un discurso, por modesto que éste sea. Y no es que menosprecie los discursos: sólo los temo. Mi incapacidad para ellos quedará manifiesta enseguida, y, por tanto, me permito apelar a su benevolencia. Pero antes deseo hacerles partícipes de mi agradecimiento: este premio lo considero como el reconocimiento, ya que no a un mérito, al menos a la voluntad y amor que me han llevado a entregar toda mi vida a esta dedicación.
Así que esta anciana que no sabe escribir discursos sólo desea hacerles partícipes de su emoción, de su alegría y de su felicidad - ¿por qué tenemos tanto miedo de esa palabra? - a todos cuantos han hecho posible este sueño, sueño que me acompaña desde la infancia. Desde aquel día en que oí por vez primera la mágica frase: «Érase una vez...» y conmovió toda mi pequeña vida. Érase una vez un hombre bueno, solitario, triste y soñador: creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida. San Juan dijo: «el que no ama está muerto» y yo me atrevo a decir: «el que no inventa, no vive».
Y llega a mi memoria algo que me contó hace años Isabel Blancafort, hija del compositor catalán Jordi Blancafort. Una de ellas, cuando eran niñas, le confesó a su hermanita: «La música de papá, no te la creas: se la inventa». Con alivio, he comprobado que toda la música del mundo, la audible y la interna -esa que llevamos dentro, como un secreto - nos la inventamos. Igual que aquel soñador convertía en gigantes las aspas de un molino, igual que convertía en la delicada Dulcinea a una cerril Aldonza. Inventó sensibilidad, inteligencia y acaso bondad - el don más raro de este mundo- en una criatura carente de todos esos atributos, (¿Y quién no ha convertido alguna vez a un Aldonzo o Aldonza de mucho cuidado, en Dulcineo o Dulcinea...?).
El tiempo en el que yo inventaba era un tiempo muy niño y muy frágil, en el que yo me sentía distinta: era tartamuda, más por miedo que por un defecto físico. La prueba de ello es que esa tartamudez desapareció durante los bombardeos. O así lo creo. Pero el caso es que, salvo excepciones, las niñas de aquel tiempo, mujeres recortadas, poco o nada tenían que ver conmigo. Y traigo esto a cuento para explicar - y quizá explicarme de algún modo – mi extrañeza, mi entrega total absoluta, a esto que luego supe se llamaba Literatura. Y que ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas.
Sí, este galardón que tanta felicidad y optimismo me causa – y no olvidemos que el optimismo y los planes de futuro, a los ochenta y cinco años, son cuestiones a meditar o poner en tela de juicio puede ser el colofón a la entrega de toda una vida que, en mis tiempos mozos, consideré en su mayor parte una vida de papel". Y recuerdo. Recuerdo. Sólo tenía un amigo, mi muñeco Gorogó, que, naturalmente, más tarde incorporé a una de las novelas con las que me siento más identificada, «Primera memoria». Aunque no haya escrito nunca una novela autobiográfica, estoy en sus páginas. Todo eran inventos, hasta que supe que en la Literatura - en grande -, como en la vida, se entra con dolor y lágrimas. Gorogó lo sabía, lo sabe y no me ha abandonado desde el día en que mi padre, teniendo yo cinco años, me lo trajo de Londres, donde lo llaman algo así como Golligow.
Mi padre sabía que a mí no me gustaban las muñecas, ni los juegos de las niñas de aquel tiempo: mujeres recortadas, las llamé yo. Imitar a mamá y a las amigas de mamá era todo su futuro. Gorogó, como entonces, sigue conmigo ahora, lo llevo a todos mis viajes, y le sigo contando lo que no puedo contar a nadie. (Hoy también me espera en el hotel.)
Y sigo haciéndole partícipe, por ejemplo, del miedo que siento por tener que pronunciar estas palabras, y, sobre todo, ante quienes debo hacerlo. Gorogó, estás aquí - mi mejor invento -, estás a mi lado, viejo amigo, en este día inolvidable, con tu ojo derecho ya nublado, como el mío, aunque ya no luzcas aquellos cabellos negros, hirsutos, de limpiachimeneas dickensiano, aunque falten los botones de tu frac azul... ¡Cómo nos parecemos, Gorogó!
¿Te acuerdas de aquel día, que hoy me devuelves con toda la añoranza y el encanto-desencanto que compone una vida tan larga...? ¿Y recuerdas la timidez, el asombro y la audacia de mis casi veinte años, cuando por primera vez me asomé al mundo editorial, del que lo ignoraba todo? La osadía que impulsa a los adolescentes y a los ignorantes y a los fabricantes de inventos y de sueños - ¿acaso no son, a veces, una misma cosa? Todo eso me empujó a llevar mi primera novela -escrita años antes, a los diecisiete- a probar fortuna en una de las más prestigiosas editoriales.
Pero mi mayor osadía era no sólo llevar una novela casi adolescente a una importante editorial, sino que, encima, la llevaba escrita a mano, en un cuaderno escolar, cuadriculado, con las tapas de hule negro. (Si alguien de mi edad me está escuchando, sabrá de qué tipo de libreta hablo. Eran las libretas de la posguerra.) Yo iba a Destino cada día, con mi libretita bajo el brazo, diecinueve años y calcetines -que entonces estaban de moda a esa edad - y mi aspecto aún más aniñado del normal. Un empleado que se había fijado en mí (debía de resultar patética) se conmovió con mis pretensiones y mi libreta y me consiguió una entrevista con el director. Se trataba del novelista Ignacio Agustí, que acababa de tener un enorme éxito con su novela «Mariona Rebull».
Cuando vio mi cuadernito lleno de letras e «inventos, tuvo la delicadeza de no manifestar ni burla ni extrañeza. Debo agradecérselo, era un verdadero señor. Con infinita paciencia, me explicó que debía pasarlo a máquina y que ellos la leerían, y que ya me dirían algo. Aún hoy me sonrojo recordándolo. Era la criatura más ignorante y despistada de cuanto el mundo editorial se refería. Nadie de mi entorno, ni familiares, ni amistades, conocidos o saludados (como diría Josep Pla) había tenido nada que ver con el mundo editorial. Eran lectores, eso sí, pero de la confección de un libro lo ignoraban todo. Afortunadamente, la lectura y los libros no escasearon en mi casa ni en mi familia. Cosa que he de agradecerles, porque no era muy frecuente en la España de entonces.
Pocos días después, tuve la enorme alegría - y, por qué no decirlo, el vago temor- de que la editorial Destino me contratase el libro. Eso sí, con la sorpresa de mi estupefacto padre, a quien yo no había anticipado nada de aquellos afanes, y que fue requerido para dar validez a mi contrato con su firma, pues yo era menor de edad. Animada por el éxito de aquellos primeros pasos, y enterada de la existencia del Premio Nadal -que había ganado otra mujer joven, Carmen Laforet, aunque ella era algo mayor que yo -, envié mi segunda novela, escrita a los diecinueve, con la esperanza de obtenerlo yo también. No fue así, pero tengo aún la satisfacción y acaso orgullo de constatar que quedó en tercer lugar, cuando se llevó el premio el gran Miguel Delibes. La novela citada, llamada «Los AbeI», y escrita, que no publicada, a los diecinueve años, suplantó en el contrato a Pequeño teatro (que, once años más tarde, obtuvo el Premio Planeta).
Y ese fue mi verdadero bautizo de entrada en el mundo editorial. Empecé a conocer a escritores y todo tipo de gentes de «invenciones», puesto que me aparté totalmente del que había sido hasta aquel momento mi entorno natural. Conocí y viví un clima distinto, muy distinto del que había sido el mío habitual hasta aquel momento, y que, paradójicamente, resultaba mucho más afín a mi naturaleza. Y continué inventando invenciones, y viene a mi memoria un día en que inventé el «arzadú»... Brotaba esporádica, espontáneamente, cuando buscaba el nombre de una flor. Si existía, vivía sólo en la memoria de su delicadeza, su color, su perfume, aunque no constara en ningún libro nicatálogo de botánica. Y, así, llegó un día en que estudiosos y minuciosos profesores y escolares americanos se interesaron por el arzadú, y me brearon a preguntas: no lo encontraban por ninguna parte. Y yo, cobarde, me presté a seguir inventando el arzadú. Tuve que continuar inventándolo durante años, incluso me vi obligada a dibujarlo en las pizarras, y variaba su color, del rojo al blanco, según me pareciera pertinente...
Desde aquí les pido perdón a aquellas gentes de buena voluntad. Tómenlo como lo que era: una invención más. La había introducido no sólo en algunos de mis cuentos, sino también en alguna novela; y, al fin, yo me lo creía, y me lo creo: el arzadú brota cada primavera, o cada otoño, en las vastas y ahora ya remotas colinas de los sueños. De los sueños que convierten Aldonzas en Dulcineas, y quién sabe cuántas flores más. Tantas como soñadores, o poetas existan.
Y cuando por fin vi publicado por vez primera mi primer libro,Los Abel, dormí toda la noche con el ejemplar bajo la almohada. Y el gran honor con el que hoy se me ha distinguido reúne para mí tanto una trayectoria literaria como vital: no puedo separar la una de la otra. Desde que tengo uso de razón, he leído, he escrito, he escuchado ... Desde aquel primer cuento inventado a los cinco años hasta este último libro, que los recoge casi todos, compruebo con satisfacción que por fin el cuento ha ingresado entre los géneros respetados de nuestra literatura. Aun cuando contemos con entre sus cultivadores desde el inmenso Cervantes, que honra con su nombre este premio, hasta los más recientes de nuestros escritores, jóvenes y no tan jóvenes, hasta hace poco aún se lo ha considerado literatura «menor».
Pero por fin en España se empieza a reconocer en el cuento, en el relato corto, el valor y la importancia que merece. Sobre la famosa crueldad de los cuentos de hadas -que, por cierto, no fueron escritos para niños, sino que obedecen a una tradición oral, afortunadamente recogida por los hermanos Grimm, Perrault y Andersen, y en España, donde tanta falta hacía, por el gran Antonio Almodóvar, llamado «el tercer hermano Grimm» -, me estremece pensar y saber que se mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política más o menos oportunos, y que unas manos depredadoras, imaginando tal vez que ser niño significa ser idiota, convierten verdaderas joyas literarias en relatos no sólo mortalmente aburridos, sino, además, necios. ¿ Y aún nos preguntamos por qué los niños leen poco? Yo recuerdo aquellos días en Sitges, hace años, cuando algunas tardes de otoño venía a mi casa un tropel de niños y, junto al fuego - como está mandado -, oían embelesados repetir por enésima vez las palabras mágicas: «Érase una vez ...» y habían dejado la televisión para escucharlas.
Yo no había cumplido los once años cuando estalló la guerra civil española. Unos niños acostumbrados a no salir de casa si no era acompañados por sus padres o la niñera nos vimos haciendo interminables colas para conseguir pan o patatas. No es raro, pues, que yo me permitiera, años más tarde, definir esa generación a la que pertenezco como la de "los niños asombrados". Porque nadie nos había . consultado en qué lado debíamos situarnos. Nadie nos había informado de nada y nos encontramos formando parte de un lado o de otro, tal y como me confesó un día Jaime Salinas. Yo, ahora, sólo recuerdo que el mundo se había vuelto del revés, que por primera vez vi la muerte, cara a cara, en toda su devastadora magnitud; no condensada, como hasta aquel momento, en unas palabras -«el abuelito se ha ido y no volverá ...» - , sino a través de la visión, en un descampado, de un hombre asesinado. Y conocimos el terror más indefenso: el de los bombardeos. Y aquellos cuentos, aquellas historias «impropias para niños», añadieron en su ruta interna de niña asombrada un aprendizaje. Atroz. Mucho más atroz que los cuentos de hadas.
En lugar de cuentos aislados, empecé a escribir entonces una revista, de la que era editora, escritora y repartidora, una revista «a mano» que se pasaban unos a otros mis hermanos y mis primos, algún amigo ... Había de todo: desde cuentos, por supuesto (que siempre acababan con un «continuará» del que yo aún no tenía clara noticia), hasta crítica de cine, con sus correspondientes fotografías recortadas de alguna revista. Y recuerdo ahora como, en medio de todo aquel horror, qué encanto, qué maravilloso invento de la vida era para mí aquella llamada revistilla ... y todo lo que yo ignoraba, que sería lo que continuaría mañana ... Entonces escribí mi primera novela. Se llamaba Juanito, y ocurría durante la Revolución Francesa. Pero pueden imaginar qué extraña Revolución Francesa relataba ... Claro está: me la inventé, pero algo tienen los inventos-sueños, porque, cuando durante la noche, toda la casa dormida, acudía al cuarto de mis dos hermanos, José Antonio y José Luis, y, ayudada por una linternilla de pilas, se la leía, protestaban cuando yo decía «continuará». (Y eso quería decir hasta la noche siguiente.)
Entonces parecía llenarse de magia la habitación a oscuras de los niños. Niños asombrados – como cuando, en cierta ocasión, vi surgir, al partir un terrón de azúcar en la oscuridad, una chispita azul-, algo que me reveló que yo sería escritora, o que ya lo era. Con ello sólo quiero decir que aquella lucecita azul, aquel virus, no me abandonó nunca. Cuando Alicia, por fin, atravesó el cristal del espejo y se encontró no sólo con su mundo de maravillas, sino consigo misma, no tuvo necesidad de consultar ningún folleto explicativo. Se lo inventó, como la música de papá. Ahora, tras estas deshilvanadas palabras, ojalá haya logrado trasmitirles algo de mi alegría, mi gratitud por la distinción que aquí me trae. Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que trasmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado.
Muchas gracias.