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miércoles, 10 de octubre de 2012

LA SEVILLA QUE SE NOS FUE: EL ZAPATERO REMENDÓN




OFICIOS EN EL RECUERDO

Siempre me gustaba entrar en el taller del zapatero remendón. El olor del cuero y betún, el ruido de la anticuada maquinaria con sus viejas correas y poleas impulsadas por un único motor, el desorden "ordenado", estaba todo muy revuelto pero él sabía dónde estaba todo, casi siempre con puntillas entre los labios,   me resultaba muy curioso y me fascinaba la visión aquella. Lo extraordinario , sin embargo, era observar a un hombre que sabía su oficio y disfrutaba haciéndolo. Siempre me ha parecido que existe un instructivo paralelismo entre el artista y el zapatero remendón tan popular y entrañable tiempos atrás, especialmente por el hecho de que ninguno de los dos escoge su loable profesión con ánimo de lucro. Lo cierto es que, con excepción de los artistas, los zapateros, los poetas, los agricultores, el tabernero...me parecen notables filósofos; escogen un trabajo digno que les proporcionan lo suficiente para vivir dignamente, sin codicia, carencia de escrúpulos, sin  la ambición de acaparar cuanto más mejor sin reparar en nada.

El lucro ha reemplazado hoy al goce de las tareas cotidianas   como móvil final. Dadas las presiones sociales de nuestros días por determinados colectivos. ¡Qué gran cosa sería si todos disfrutaran de su trabajo y del buen trato con sus clientes!

Ya quedan pocas tareas "que se hacen con amor". Lo que probablemente explica muchas cosas, tales como por qué los médicos de familia no visiten a sus pacientes como antes, por qué el cartero no entrega la correspondencia en la mano y nos saludaban...

Hay cosas que se impregnan desde la infancia de forma muy arraígada, una de ellas es el aroma del taller del zapatero remendón...son los recuerdos inolvidables de una época en que se vivía con más equidad entre vecinos, más respeto por el otro, sin la "cultura" del consumismo desmedido que tanto daño nos trajo, a partir de unas décadas atrás.

Mi amigo José Luis Tirado hace poco nos trajo otro oficio de la Sevilla de antaño: el latero, que se encuentra en éste blog a vuestra demanda, un trabajo muy meritorio y curioso.




6 comentarios:

  1. Recuerdo el mío, mi zapatero, trabajaba en un cuartillo en la azotea del corral. Recuerdo la cantidad de colillas que apagaba sobre la tapa de una lata de crema para los zapatos, y, como en este caso, su delantal. Pero la foto que has puesto aquí es impagable, con ese brasero delante de la mesilla. Enhorabuena, Mari Carmen.

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  2. ¡Ah! El delantal aquél...a mí me era imposible saber de qué color sería de nuevo. Pese a los años pasados no he olvidado a nuestro zapatero, Ramón, muy cercano a mi casa. Era ya muy mayor, pero era incapaz de "jubilarse". Su último trabajo fue poner las tapas a mis zapatos de "gitana". No se encontraba bien, pero quiso cumplir puntualmente una vez más con nosotros...


    Eran tiempos difíciles, pero con más humanidad ¿verdad?

    Te agradezco tu participación una vez más.

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  3. Desde luego es un oficio entrañable que casi había desaparecido y vuelve a reaparecer. Es lógico en una sociedad de consumo, de usar y tirar todo. Ahora, con las vacas flacas, es preciso aprovechar todo lo más posible. Así que no me extrañaría que en muchos barrios reaparecieran los zapateros remendones, personajes de cuento por excelencia. Saludos cordiales.

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  4. Yo también recuerdo a mi zapatero. Me impresionaba cómo cosía las suelas de los zapatos con el punzón y pasaba la cuerda a través de los agujeros que hacía. Ese olor a cuero...En aquellos tiempos todo tenía arreglo, ahora se tira y se compra otro nuevo.
    Un besito Mari Carmen y gracias por recordar retazos de nuestra historia.

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    Respuestas
    1. Ciertamente, son recuerdos que te dejan huellas perdurables. Estoy a favor del progreso, por supuesto, pero siempre que sea equitativo, respetuoso, constructivo y solidario. En la actualidad hay brotes de aprovechar mejor las cosas, debido a la galopante crisis, pero me temo que en cuanto mejore veremos que no hemos aprendido lo necesario y volveremos a las andadas.
      En mi casa, si tiramos algo es porque ya no es aprovechable de ninguna manera...y nuestro hijos siguen en esa escuela.
      Ya hablaremos de más oficios de antaño, con la esperanza de que reflexionemos, para empezar, no es poco.
      Un besote, guapetona.

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  5. ¡Hola, Isabel! Me alegra saber que has retomado tu magnifico blog y de verte por el mío. Ciertamente, eso de "usar y tirar" es desastroso, contaminante, sobre todo, el peor de los ejemplos para nuestros hijos. Recuerdo de los diversos oficios a los entrañables: aprendiz, oficial de 1ª, de 2ª...
    los talleres de reparaciones, por lo general, se desmonta el motor, (por ejemplo), y se pone uno nuevo, no se repara lo estropeado. Así se suprimen puestos de trabajos y reciclajes, las figuras antes mencionadas casi pasaron a la historia...¡Qué equivocación y desastre!
    Un abrazo

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