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martes, 1 de febrero de 2011

***BARRIO DE SANTA CRUZ***











"CURIOSIDADES Y LEYENDAS SEVILLANAS"






Nos decía el cronista de Sevilla, D. Luis Montoto:



"¿Os deleita la penumbra, el sosiego apacible y el silencio en que las almas se abisman al abrirse al recuerdo y a la meditación? Entrad en la vieja Judería, en el encantado y encantador barrio de Santa Cruz. ¡Cuánta leyenda y cuánta gloria! Ésta es la calle del famoso Mesón del Moro, y en estotra álzase la casa solariega de los Encisos. Antójasenos que de ella sale, en rica litera, el gran poeta D. Diego, autor de muy famosos dramas. La advocación de esotra evoca el recuerdo del humilde batiloja que "sabó de mantillas a las comedias", y, al decir de Cervantes, "las puso en toldo y peana": el gran Lope de Rueda. Este edificio, silencioso como el barrio, es la iglesia y convento de Carmelitas Descalzas, en que Teresa de Jesús dejó en prenda de amor a sus hermanas en Cristo el libro autógrafo de Las Moradas. Esta plaza, en que se yergue, rodeada de hermosas plantas, la Cruz de la Cerrajería, maravilla de un orfebre que transfiguró el hierro en flor, es tierra toda bendita. En su ámbito se levantó la iglesia de Santa Cruz, y al pie de uno de sus altares, el que ostenta el admirable cuadro del Descendimiento, de Pedro de Kempener, fue sepultado el pintor del Cielo.



En aquella casa vivió y murió el genial pintor Bartolomé Esteban Murullo. En uno de esos callejones, que se llamaron del Agua, lindantes con la Huerta de la Alcoba, alojaron a los héroes de la novela del ecijano Luis Vélez de Guevara, y desde la azotea otearon la ciudad, templos, torres y palacios de la más rancia nobleza.



En esotra calle, estrecha y oscura, vivió la hermosa judía Susona, de quien refiere la leyenda que su calavera se ostentaba sobre la puerta de la casa de su padre, el viejo Susón...Por aquí estaban las calles del Ataúd y de la Muerte, y relatan las consejas que un galán, aborto de los mismos infiernos por sus vicios y crímenes, vió pasar su propio entierro, y aun se contempló en el muerto que en el ataúd llevaban, cual Lisardo, el estudiante de Salamanca.



En esta plaza estuvo el Corral de Doña Elvira, no lejos del D. Juan.



Por ese callejón húmedo , cuyas paredes cubre la parietaria, se entra en el Alcázar mudéjar. Parécenos, cuando las sombras de la noche caen sobre la ciudad dormida, ver salir, apuesto y arrogante, envuelto en la amplia capa, aquel mancebo valiente, soberano de Castilla, que "amó mucho mujeres", al decir del apasionado cronista, abatió el soberbio poder de la nobleza, vivió traicionado por amigos y deudos y murió a golpes de puñal del hermano fraticida...barrio de la tradición y la leyenda: el espíritu reformador te respeta como reliquia preciosa y te rodea de bellos jardines para que sus flores embalsamen tu ambiente. Los nombres de tus calles registran capítulos de tu historia.



Que fuiste judío lo publican los rótulos "Jamerdana" y "Susona", y aquel otro dice que, devuelto a la religión del Crucificado, en tu recinto levantaron el primer templo en España advocado del rey santo, y el Hospital para Venerables Sacerdotes, fundación del piadoso prebendado D. Justino de Neve".



Entrando en el histórico barrio por los Jardines de Murillo, del más depurado gusto sevillano, se llega a la plaza de Santa Cruz, en cuyo centro se alza la llamada Cruz de la Carrajería, graciosa obra de hierro forjado, obra de Sebastián Conde, en 1692, colocada en este lugar en 1921. En el ámbito de esta plaza, en un tiempo parroquia de la advocación que lleva el barrio, reposan las cenizas del pintor Murillo, que falleció en una casa próxima de la plaza de Alfaro, nº 2, en cuyo zaguán, en una modesta lápida, se lee:



"En esta casa fue ciertamente en la que murió el día 3 de abril de 1682 el insigne pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo.












BIBLIOGRAFÍA:






"Nueva guía de Sevilla"



Herederos de Santiago Montoto



Ediciones Libanó.






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