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lunes, 20 de septiembre de 2010

YO, EL GUADALQUIVIR

Nacimiento del Guadalquivir en la Sª de Cazorla.



A través de milenios mi historia está plena de los más diversos acontecimientos. He sido mudo testigo de grandes hechos históricos y cuna de grandes civilizaciones y ellas me han dado diferentes nombres a mi cauce, a lo largo de la Historia.

Hace muchos siglos, mis aguas arrastraban; plata, cobre, estaño, oro,, por lo tanto, yo era un río favorecedor de la metalurgía.



Unos de los misterios, quizás el de mayor atractivo al que la Arqueología aún no ha dado una solución definitiva es el relacionado con las construcciones megalíticas que se llevan a cabo en toda la Península Ibérica, y muy especialmente en Andalucía. Hay expertos que se inclinan a afirmar que las raíces de estos monumentos están en la cultura de Mediterráneo Occidental y que puedieron llegar a nuestras tierras en sucesivas oleadas, penetrando por las desembocaduras de los grandes ríos que fuimos receptores de esos acontecimientos. Otros investigadores, aportan nuevas interpretaciones en las que se dota ésta cultura megalítica de un saber espiritual elaborado y complejo, ello relacionan ésta arquitectura con un proceso de iniciación espiritual en el que el novicio siguiendo unos ritos muy concretos que se introduce en un ámbito evocador del claustro materno y en el que recibe unas influencias de carácter geológico, propias del terreno donde está construído el edificio y que favorece su captación cerebral en el desarrollo de los citados ejercicios de enseñanzas, éstas construcciones, serán pues, simples tumbas o magistrales escuelas de ciencias ocultas ¡Quién sabe!




Lo cierto, es que éstos dólmenes de Valencina de la Concepción, tan próxima a mi cauce sevillano, están directamente relacionado con los cretenses y con la cultura de los Millares, ellos son ejemplos magnificos que se construyeron en mi Valle en torno al 3º milenio a. de C.




Todas estas construcciones concebidas como tumbas o como lugares de iniciacción fueron, eso sí, utilizadas con fines funerarios.

                                                                                                                                     


Heráclito nos cuenta, que una nave raima que se dirigía a Egipto, mandada por Colaillos, sufrió un fuerte temporal y el viento durante días la arrastró hacia Occidente, una vez traspuesto el Estrecho de Gibraltar la nave tocó tierra junto a la desembocadura de un río, un río al que llamaron por nombre Tartessos. Ese río era yo, y ese fue mi primer nombre, nombre que luego trascendió a un territorio, jamás a una ciudad. y aquí de nuevo retorna el misterio, pues según la hora marítima de Aviceno, con el nombre de Tartessos se conocía una rica ciudad, centro político de un vasto reino.




¿Existió la ciudad o fueron mis marismas las que recibieron mi propio nombre? Aquellos navegantes forjaron la leyenda y relatos sobre mi cauce, a él y su territorio, citan larga lista de autores; Polibio, Plinio, Mela, Estrabón, Apiano, Pensanias, Tito Livio, César...los semitas me llamaron Tarssis y Ezequiel en el Antiguo Testamento me cita con Tiro.-"Tarssis era socio tuyo en los negocios, pues tú, Últiro, eras rico en bien de todo orden y a cambio de ellos, plata, hierro, estaño y plomo recibías en pago".-




Era cierto que mis aguas arrastraban; oro, plata...y aquellas riquezas fueron codiciadas por los pueblos mediterráneos de la Antigüedad. Al reino de Tartessos, algunos autores le dan origen foráneo, cretense o etrusco.




Se ha llegado incluso a afirmar que en el año -1200, los tirsenos, un pueblo llegado del Asia Menor, fundan junto a mi desembocadura la ciudad de Tursa, a la que los fenicios llamarían Tarssis, los griegos, Tartessos. desde el Guadiana, a la desembocadura del Segura, el reino de Tartessos extendía su poder.                                                                                                       
El Guadalquivir, visto desde Triana.

                                                 


Habis, único mito hispánico, referido por fuentes clásicas fue maestro en nuestra tierra, dando a conocer la agricultura. Él descubrió el secreto de echar la semilla al surco y recoger la cosecha, y su abuelo, Gargoris, enseñó a aprovechar la miel y a cuidar de su inmenso ganado de bueyes y ovejas, Habis, supo hunar a los bueyes en el arado, si Gerión fue un rey de islas, es decir, de marismas, su nieto, Habis lo fue de tierra firme, promulgó las primeras leyes sociales y afirmó la monarquía y fue posteriormente convertido en Dios.




A toda esta aventura colaboré yo, el río Tartessos, o Betis, (romano), o Gualdalquivir, (árabe), creando con mis aguas fértiles campiñas ricas a su vez, gracias a mis afluentes.




El rey Argantonio ya no es un mito, ya no pertenece a la leyenda. Él reinó el año -630 al -550 (¡Qué barbaridad!), y hay constancia de otro rey, Terión, (su hijo), que luchó contra Cádiz con el único deseo de robar el tesoro del Templo de Hécules, que tiempo atrás, llegó a mi desembocadura, con el propósito de robarle, (aquél legendario Hécules), a Gerión sus ricos ganados. Las minas de cobre y plata de Sierra Morena y del monte Argentario enriquecieron con sus productos a la aristocracia tartesia que llegó a tener un lujo y rango principesco. Muestra del esplendor del lujo de esta nobleza, lo encontramos en la joyería presente durante el reinado de Argantonio. El Tesoro de El Carambolo es un ejemplo del gusto refinado, de la exquisita labor artesanal de un pueblo ya en pleno contacto con fenicios y griegos. El Tesoro de El Carambolo y el de Évora, pequeña ciudad próxima a mi desembocadura, (hoy Sáncular de Barrameda), fueron descubiertos curiosamente en el mismo año, 1958, ambos conjuntos a pesar de tener rasgos comunes el 1º es más personal. El 2º está más influído por las culturas del Mediterráneo Occidental. Se defiende la tesis, en base a estos descubrimientos y a la fama de la cultura tartesia, en la historia antigua, de que Platón se inspira en el reino de Tartessos para su relato de la situación geográfica y cultural de "La Atlática",lo que resulta indudable por los estudios arqueológicos realizados es que las ciudades que componían este reino, no tenían murallas y muestran en muy contadas ocasiones muestras de armamentos e incluso cerámicas en base a piezas fabricadas a mano, a la rueda, en torno, obras lisas, pulidas, pintadas, grabadas, pues bien, esas obras lisas, pulidas, pintadas, grabadas, pues bien, esas cerámicas nos hablan de un apogeo durante los siglos -V y -VII de un reino de Tartessos, rico, pacífico y respetado. ¿Entonces cuáles fueron las causas de su rápida decadencia?
                                                                                                                                             
A su paso por Córdoba, tras el Puente Romano, la Mezquita.




Debió ocurrir un hecho trascendente para que en tan sólo medio siglo aquél primer esplendor se viniese abajo, la razón probable fue el ataque de la poderosa Cartago, los cartagineses llegaron con el deseo de vencer y aniquilar a Tartessos.




Tartessos se fragmenta en pequeños reinos a modo de los árabes de taifas de ellos el de los turdetanos, asentados en mi valle, resulta el de mayor interés. una vez pasada la decadencia, ya en la 2ª mitad del s. -v, un nuevo auge cultural en mis tierras que van a tener al olivo y a la vid como productos fundamentales en su economía.




Va a ser esta etapa de gran prósperidad, largos periodos de paz incluídos, facilitan una intensa en la que se desarrollan ricas autonomías. Las suntuosa concepción de todo lo referente a la vida de ultratumbas, muestran el poder de estos pequeños Estados.
                                                                                




Caso ejemplar nos lo ofrece la Dama de Baza, quizás unos restos de la diosa tutelar del cadáver de la tumba que presidía. El difunto que según el rito de la incineración predominante en el mundo ibérico, fue reducido a cenizas que se depositaron en el hueco existente en que se asienta la famosa Dama. Es muy probable que esta tumba perteneciera a un guerrero pues entre los ajuares que le acompañan, aparte de ánforas y urnas, aparecen armas que atestiguan su carácter militar. En los recipientes consabidos destinados a bebidas y comidas, aparece el popular huevo de gallina que era tomado como génesis del mundo, el famoso Huevo Orzico.




Otro sepulcro, el de Peal de Becerro, muestra por su esmerada terminación un resultado que nos habla de la importancia de la obra. Las piedras se ensamblan con insuperable perfección y todo el conjunto impresiona por su solemnidad. Los íberos preferían en su gusto por el mundo femenino a la mujer delgada, estrecha de cintura, para la que curiosamente tenían una medida que al rebasarla suponía para la dama en cuestión, ser mal vista en su ciudad.




Éforo, asegura que estos íberos, eran amantes de la moda pues tenían por normas celebrar certámenes anuales con los tejidos lavados por las mujeres en cada temporada. Un jurado integrado por hombres, otorgaba un premio por votación a la que más se había distinguido por sus encantos personales y por la belleza de sus vestidos.




Era este un pueblo muy creyente y a los dioses de su devoción solicitaban con fervor, todo tipo de ayudas; la salud para sí mismos, una buena cosecha o batalla, una muerte dulce, un renacer glorioso. Los santuarios eran visitados por un gran número de viajeros, allí se reunían ricos y pobres, mujeres ricas y poderosas y humildes, damas cubiertas de adornos, variopinta diversidad de tipos humanos, unidos en la fe y la esperanza.




El oro, plata..., siempre han provocado la ambición humana. Junto a Cástulo, en la mina Vaebelo, los cartagineses obtenían 300 libras de plata al día Los romanos codiciaban no sólo la tierra o los hombres, sino también los metales ricos y variados de Iberia. Curiosamente cerca de dicha mina, va a celebrarse el 1º encuentro decisivo entre Ermeo y Publio contra los cartagineses. Asdrúbal y Ánibal vencieron y fue tan grande la derrota y la ofensa a Roma que el Imperio envió a Publio Cornelio Escipión que consiguió, al fin, el triunfo sobre los bravos y poderosos cartagineses. La literatura griega, siguió dando el nombre de Iberia a la Península, incluso en época romana cuando ya el latín me había impuesto el nombre de Hispania.




Ahora, cuando alcanzo el mar, cuando me voy de tu lado, Iberia o Hispania, cuando parto de tí, marcho lentamente como esas estrellas fijas que allá en el cielo brillan y que aún seguirán reflejándose en mi cauce, ¡Quién sabe si mi tristeza, mi dolor, tiene mucho que ver con la auténtica sensualidad humana que es hija de la distancia y se forja y fomenta en la lejanía del objeto!
BIBLIOGRAFÍA:
Serie documental de Canal Sur T.V.


                                                                                  


Sevilla: bellísimo Puente de Triana




























































































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